jueves, 22 de septiembre de 2011

Hechizo de luna (parte 2)


Después de haber publicado el EJERCICIO LITERARIO PARA EL GRUPO ADICTOS A LA ESCRITURA, recibiendo emocionantes comentarios. Me animé a continuar el relato romántico y de aventuras HECHIZO DE LUNA.
Agradezco a todos los que se han paseado por mi blog leyendo mis historias y dejando sus comentarios, escribo para ustedes.


Espero les guste el relato. Gracias por leerme.


Continuación…
  

Pasaron tres días y Tania no tenía noticias de Lucas.
El misterioso Carlos Montiel, el día en que la dejó en su casa, le había aconsejado esperar a que él le trajera noticias, asegurándole que eso era lo mejor que podía hacer por todos, pero a ella tanta espera no le aportaba ningún tipo de beneficio. Como un león enjaulado se paseaba por su habitación, atraía el frío del suelo en los pies desnudos. Las mañanas de noviembre siempre despuntaban con poca temperatura en El Jarillo, un pueblo montañoso poblado por un pequeño grupo de familias de ascendencia alemana que vivían de la agricultura y el parapente. Allí Tania había decidido establecer su residencia, se hallaba a más de media hora de distancia de la ciudad más cercana y lejos de la capital venezolana. Se ocultaba entre montañas para que su pasado jamás pudiera encontrarla.
Harta por la incertidumbre, se colocó con rapidez los zapatos y salió a la calle en busca de respuestas. Tenía que encontrar a Lucas lo más pronto posible. Algo dentro de ella la movía a actuar con urgencia.
El alba comenzaba a brillar en el horizonte, aún faltaban diez minutos para las seis de la mañana y los escasos negocios de la calle principal del pueblo continuaban cerrados. Tania se adentró por un oscuro callejón, para ubicar el único lugar que a esa hora tenía el cartel de «abierto» en la puerta y las luces encendidas, era la Librería Oráculo, el sitio dónde había conocido a Lucas.
Se detuvo en la entrada y respiró hondo antes de entrar, para llenarse de valor y de paciencia. Enfrentar a Don Severiano, el dueño, no era un asunto fácil. Él se levantaba cada mañana dispuesto a destruir con su mala actitud, el mundo que lo rodeaba.
Si no fuera porque el hombre se las arreglaba para tener los mejores títulos a precios razonables, ella ni en sueños se hubiera acercado a ese lugar.
Abrió la puerta con suavidad mientras escuchaba el chirriar de las bisagras. Sabía que aquel angustiante sonido no pretendía aportar más misterio a sus problemas, Don Severiano se negaba a realizarles mantenimiento para aprovechar el ruido como anuncio de la llegada de clientes. De esa manera, evitaba el uso de las campanillas, que le recordaban a los insoportables días navideños.
—Buenos días. —Lanzó el saludo a la bóveda de libros que se mostraba frente a ella. El lugar era pequeño y la gran cantidad de libros que cubría las paredes y llenaba los pasillos lo hacía más reducido—. ¿Don Severiano? —insistió. A pesar de que las luces estaban encendidas y la puerta abierta, no se escuchaba ningún sonido. Tania comenzó a sentir temor.
Poco a poco, se adentró en los oscuros pasillos, donde más de una vez tropezó con Lucas y terminaba embrujada por su sonrisa. Él se sumergía entre los estantes abarrotados y encontraba en tiempo record, lo que ella había ido a buscar. Parecía saber dónde estaba ubicado cada libro. Bastaba con decirle el título o el autor para que él lo hallara como si olfateara su esencia, a pesar de que Don Severiano no tenía ningún tipo de orden en aquella librería. El viejo solía ubicar las nuevas adquisiciones donde divisara un espacio libre.
—¿Don Severiano? Es Tania.
Aún no tenía respuesta y eso le preocupaba ¿Y si los secuestradores de Lucas se había llevado también a Don Severiano?... No. Esa idea era imposible. Cualquiera que se llevara a ese hombre se arrepentiría en menos de un minuto por el error cometido. En vez de pedir rescate por su vida, serían capaces de entregarse voluntariamente a la policía para alejarse de él.
—Aquí, niña. Al fondo.
La añeja y severa voz del hombre le llegó a Tania casi en un susurro, como si se encontrara en la lejanía. Se apresuró a llegar a él. Imaginaba que podía encontrarse en un serio apuro, pero quedó petrificada al toparse con un caos. Al final del pasillo, decenas de libros se encontraban esparcidos en el suelo, de forma desordenada, y Don Severiano estaba en medio de ellos, con el rostro crispado.
—¿Qué sucedió?
—Menos mal que viniste, me ahorraste un viaje a tu casa —respondió el hombre.
Uno de los amplios estantes había sido vaciado. Muchos libros se hallaban apilados en torres deformes y otros, estaban tirados en el suelo, con las tapas abiertas. ¿Qué habría sucedido para que el meticuloso anciano tratara a sus preciados libros de aquella manera?
—Me costó trabajo encontrarlo, pero aquí está.
Con el rostro sudoroso por el esfuerzo, Don Severiano le entregó a Tania una agenda delgada de hojas amarillentas, con las cubiertas forradas en cuero negro.
—¿Qué es?
—Un diario que Lucas escondió aquí y me pidió que te entregara si algo llegaba a sucederle.
Ella quedó atónita, con la mirada fija en el rostro arrugado del hombre, que estaba enmarcado por una desordenada masa de cabello blanco.
—¿Lucas le pidió que me lo entregara? ¿Por qué?
—¿Qué voy a saber yo? Ustedes los jóvenes son los seres más extraños del planeta, siempre andan por ahí, con la cabeza sumergida en otros mundos.
Severiano caminó con dificultad por el pasillo en dirección a su escritorio, ubicado a un costado de la puerta de entrada. Hablaba entre gruñidos mientras sacudía una mano en el aire como si reprendiera a alguien.
Tania se quedó inmóvil por unos minutos, sorda a sus quejas. Cientos de preguntas le revoloteaban en la cabeza. Al darse cuenta de que había quedado sola, corrió presurosa tras el anciano.
—¿No dijo nada respecto al diario? ¿Por qué lo escondió? ¿Por qué había que sacarlo si él desaparecía?...
El hombre se giró hacia ella y la calcinó con una mirada obstinada.
—Ese chico ha sido uno de mis mejores empleados, me pidió un favor y se lo concedí sin preguntar.
Sin decir más, Severiano se sentó en el escritorio y comenzó a ordenar, con evidente fastidio, una gran pila de papeles y facturas que había sobre la mesa. Actuaba como si ella no estuviera presente.
Tania tenía miles de preguntas, pero sabía que aquel hombre no iba a ayudarla. Cuando Severiano se encerraba en su cólera no había manera de sacarlo de allí. Debía buscar otras fuentes. Al menos, tenía aquel diario, que podría darle alguna respuesta.
Sin despedirse salió de la librería hacia su casa, ansiosa por revisar el objeto. Esperaba hallar en él, una pista para encontrar a Lucas.
Severiano la observó partir con una sonrisa forzada en los labios.
—Ya todo está hecho, solo espero que Lucas no se haya equivocado —murmuró y con su habitual seriedad se levantó del escritorio y se hundió de nuevo en los pasillos.

5 comentarios:

  1. Me gusta, me gusta ^^ Me alegro mucho de que hayas decidido seguirla =D

    ¡Un saludo!

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  2. Está muy bueno, que misterio sobrenatural se huele aqui!!
    Imagino que lo vas a seguir, no vas a ser tan mala de dejarnos asi ehhhh ?????

    Un gusto leerte, espero que lo sigas!!

    Besos!!

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  3. Y yo que me esperaba el final de la historia y asisto al segundo capítulo, jaja. Avisa cuando sigas, que la historia promete mucho. Hasta luego.

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  4. Está genial!!! Quiero saber cómo sigue... Estoy entusiasmada... Saludos. :)

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  5. Que ganas de saber que dice el diario de Lucas, ahora mismo leo la tercera parte!
    :D
    Saludoos

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