domingo, 18 de septiembre de 2011

Relato: Hechizo de luna

En esta oportunidad les dejo un ejercicio literario que realicé cumpliendo con el ejercicio mensual de ADICTOS A LA ESCRITURA, que consistía en elaborar una breve historia tomando como referencia una o dos fotografías propias.

Elegí una foto que le tomé a la mágica luna llena, que siempre ha servido de inspiración a muchos, y otra del imponente rayo de una tormenta eléctrica. Fenómeno que debo confesarles, me fascina…

Con ellas elaboré el relato romántico y de aventura titulado HECHIZO DE LUNA, agradeciéndole a KYRA por haberme ayudado con las correcciones. Espero les guste. Gracias por leerme...






Tania Abreu miró su reloj una vez más y luego, dirigió el rostro cansado al cielo. La luna llena se mostraba esplendorosa en el firmamento como si estuviera cubierta por un velo mágico, pero pesadas nubes de lluvia se acercaban con rapidez, atraídas por una brisa fría que presagiaba tormenta.

Por enésima vez evaluó la calle, ansiosa porque el cuerpo delgado, pero bien constituido de Lucas Febres, el chico de la librería, apareciera. Horas antes había recibido una extraña llamada del hombre, rogándole que se encontrara con él en esa parada de bus, exactamente a las ocho de la noche. No quiso darle detalles, solo un escueto «es urgente». Cuando a ella le nombraban esa palabra se le erizaba la piel, urgencia era igual a problemas, y eso era lo que menos quería en su vida.
Sin embargo, le era imposible negarle algo a Lucas. Cada vez que se acercaba a ese hombre sentía que en su interior se desataba una tormenta de emociones. El simple hecho de pensar en él le producía un cosquilleo en el vientre. Para Tania esa debía ser una señal, estaba cansada de vivir sola, de comer sola, de levantarse y encontrar solo un desgastado y descolorido perro de peluche a su lado. Ansiaba la cercanía de un cuerpo cálido y fuerte, de unos ojos negros como el ébano mirándola fijamente, de unas manos suaves y curiosas, y de un cabello oscuro y espeso entre los dedos. En resumidas: anhelaba a Lucas.
Por eso no dudó en atender su llamado. Aunque al aceptar aquella cita no imaginó que el lugar de encuentro estaría tan desolado, o que la noche fuera tan oscura y fría. No obstante, ella nunca había sido una cobarde. No lo fue cuando sus padres la abandonaron a los doce años de edad a las puertas de un internado antiguo y gris; tampoco lo hizo cuando a los dieciséis, las monjas que la cuidaban la encerraron en una habitación sin ventanas por casi un mes, desconectada del mundo, con la excusa de que viviera un retiro espiritual para que recibiera «revelaciones divinas»; ni mucho menos cuando tomó la decisión de guardar en una pequeña maleta sus cuatro mudas de ropas y el poco dinero que había reunido trabajando en el convento, y se marchó con apenas dieciocho años de vida para sobrevivir en un mundo que desconocía, dándole la espalda al pasado y olvidándose de él.
Pero esa noche, cinco años después de su independencia, con esa luna llena tan brillante el cielo y el clima cargado de estática, sentía miedo. Algo se agitaba dentro de ella, no sabía si era un presentimiento o la ansiedad, pero la empujaba a salir corriendo de allí.
Introdujo las manos dentro de los bolsillos de su grueso abrigo para aplacar el frío que la invadía.
—Vamos, Lucas. ¿Dónde demonios estás? —murmuró. La espera comenzaba a desesperarla. Lucas tenía más de media hora de retraso y, aunque la soledad la agobiaba, no quería marcharse sin antes verlo.
A los pocos minutos se fijó que una cuadra más abajo, una Ford Explorer negra cruzaba la esquina y se acercaba con lentitud. El corazón comenzó a palpitarle con fuerza y le aumentó el nerviosismo.
El auto se detuvo frente a ella. Por los vidrios polarizados no pudo ver al ocupante, o los ocupantes, y los alrededores estaban desolados. Ya no tenía opciones. Si adentro había algún asesino o un secuestrador lo único que podía hacer era encomendar su alma a Dios, pero si era Lucas, más le valía a él encomendar su alma, porque ella estaba muy asustada y él iba a pagar por su retraso y su misteriosa llegada.
El vidrio del asiento del copiloto bajó hasta revelar el rostro trigueño de un atractivo desconocido, de facciones endurecidas y cabellos muy cortos, con los hombros y el pecho tan ancho y musculoso como los de un fisicoculturista, o un soldado de algún comando especial del gobierno. El sujeto la miró a través de unos ojos negros, que desprendían amenazas.
—¿Tania Abreu? —preguntó con una voz autoritaria, que le trajo a la mente aquel iracundo monje cristiano que ayudaba en el convento e insistía en que ella aprendiera técnicas de defensa personal. Algo que jamás pudo lograr, ya que Tanía desde pequeña demostró no poseer cualidades para las actividades deportivas—. Soy Carlos Montiel, amigo de Lucas Febres —continuó el sujeto, al ver que ella no respondía y se mantenía inmóvil con los grandes ojos castaños fijos en él—. Estoy aquí para llevarte a tu casa. Lucas no podrá venir al encuentro.
Ella tenía la mirada tan brillante como la luna llena que poco a poco se ocultaba tras las nubes de lluvia. ¿Por qué demonios Lucas no la había llamado a su teléfono móvil para avisarle que no llegaría a la cita? ¿Para qué enviaría a ese Terminator a que la llevara a casa?
Hacía tres meses que había conocido a Lucas, cuando él comenzó a trabajar en la librería dónde ella siempre adquiría sus libros de literatura. Por alguna extraña razón confiaba en ese silencioso chico. No lo creía capaz de hacer algo en su contra, mucho menos, después de demostrar en varias oportunidades, que estaba tan interesado en ella como ella lo estaba de él.
Se encontraba aún inmóvil frente al desconocido, sin saber qué responder. Esperaba que se marchara o que Lucas saliera de la parte trasera del auto muerto de la risa por la travesura.
—No temas —pidió el tal Carlos con una voz más sutil—. Pronto comenzará a llover, sube al auto y te llevaré a tu casa.
Como si el hombre hubiera invocado el poder de la naturaleza, el cielo se rasgó con inmensos rayos y ensordecedores truenos que anunciaban la llegada de la tormenta. El viento comenzó a azotarle los largos cabellos azabaches y le erizaba la piel.
—No se preocupe, caminaré —habló por fin, con algo de temor.
—Pronto comenzará a llover, mujer. Sube al auto —ordenó el hombre.
—Le dije que no es necesario, solo son seis cuadras.
—Tania, sube —dictaminó Carlos, y clavó una mirada inflexible en ella, que le disparó todas las alarmas.
—Gracias, pero me iré caminando —expuso con una valentía que con seguridad, había salido de algún rincón desconocido de su interior, pues jamás había sido tan atrevida, y menos frente a un sujeto como aquel.
Se giró y caminó en dirección a su casa sin más despedidas. Aceleró el paso al escuchar que la puerta del auto se abría y unos pasos firmes y apresurados se acercaban. Una mano fuerte y cálida le apresó el brazo. Con la adrenalina fluyéndole desbocada en las venas encaró al hombre, y aunque su altura y musculatura superaban sus expectativas, al mirar sus ojos sintió un fuego avivarse en su pecho que la obligó a relajarse y perder la postura altiva.
—No te haré daño —aseguró Carlos. Su mirada de pronto se transformó en una súplica—. Te dejaré en tu casa y después, si quieres, te olvidas de mí.
—¿Dónde está él? —indagó Tania. Luchaba para que no se le quebrara la voz, no estaba dispuesta a mostrar su turbación. Carlos dudó por casi un minuto, luego se irguió y volvió a asumir una pose intransigente.
—Se le presentó un percance —respondió con dureza.
—¿Qué le sucedió?
—No puedo decírtelo.
—¡¿Cómo esperas que confíe en ti?! —inquirió alterada.
—No tienes más opciones —argumentó él con calma.
Aquellas palabras se clavaron en el alma de Tania y despertaron de nuevo su temor.
—¿Por qué? —insistió con los ojos húmedos.
—Solo haz lo que te digo. Cuando Lucas se libere, vendrá por ti.
—Pero…
—Ya basta, Tania, tenemos que irnos.
Esta vez, la orden del hombre había sido tan firme que ella sabía que no era inteligente desobedecerlo. Decidió dejarse arrastrar por él al vehículo y permitirle que la introdujera en el asiento del copiloto. Pero antes de que él cerrara la puerta, Tania notó que miraba con preocupación hacia el final de la calle. Ella giró el rostro hacia ese lugar, pero no divisó nada fuera de lo normal. Sin embargo, sintió unas malas energías recorrerle el cuerpo, y alterarle aún más los nervios.
Prefirió mantenerse en silencio mientras Carlos rodeaba el auto y ocupaba su puesto frente al volante. No podía negar que estaba muerta de miedo. Sentía temor tanto por ella, como por Lucas. Recordó las palabras de Carlos: Cuando Lucas se libere, vendrá por ti.
¿Se libere de qué? ¿Dónde se hallaba el chico atractivo que le había robado sonrisas y hasta efímeros besos entre los viejos y polvorientos libros de la librería donde trabajaba? ¿Qué demonios sucedía? ¿Por qué se sentía tan… diferente ese día?
Carlos, ignorando la confusión que atormentaba a Tania, puso en marcha el vehículo y se alejó de aquel lugar, mientras la brisa se agitaba y traía consigo la tormenta.
  
 
 

Relato que forma parte del RECOPILATORIO LA FOTOGRAFÍA 


15 comentarios:

  1. Wuau!, me dejaste intrigada mujer, espero que la historia no quede simplemente en este relato sino que lo continues, para seguir leyendote.
    Saludos.

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  2. Mucho gusto JJ Campagnuolo, tu texto me encantó. Tus palabras merecen un 10, por el misterio, la icnertidumbre de Tania con respecto a lo que pasó con Lucas.

    Querida sigue escribiendo. Fue un hermoso debut y muy poderosas las fotografías.

    Saludos Karuna ^^

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  3. Ufff... Y ahora?... Quiero saber cómo sigue la historia... Muy bueno el relato y las fotos! Saludos.

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  4. Wow! Me ha encantado. Y como ya se ha dicho, yo también estaría encantada de leer algo más si la historia sigue ^^

    ¡Un saludo!

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  5. Hay que seguirlo por Dio!!!!
    No me dejes en esta incognita, mala!!
    Me encantó, me atrapó y me dan ganas de seguir leyendo!!

    Un gusto pasar por aquí!!

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  6. Me ha gustado mucho, me quedé intrigada y queriendo saber que pasó con Tania, con Lucas, con el amigo..
    Espero que lo continúes y nos avises para poder leerlo..

    Si tuviera que sacarle una pega te diré que podías haberle dado más contenido al relato ya que todo se basa en esa conversación que se repite una y otra vez..

    Buen trabajo, xq conseguiste dejarnos con la duda del que pasara ;)

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  7. Eso digo yo: ¿continuará, verdad?

    Te quedó genial, eso sí, el principio de una historia que seguro será increíble:D

    Genial:D

    Kissesss

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  8. Estas chicas, como son de curiosas :-P

    Muy buen relato, Jonaira! Me encantó. Y además me pareció muy inteligente que Tania dudara de Lucas, porque nunca es recomendable confiar en un librero, muejeje.

    Besotes!!

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  9. Me sumo al sentimiento general, debes continuar esta historia!!!
    ¿Donde esta Lucas? Que genial cuando te quedas con ganas de mas, esos indicios de una escritora en potencia! Felicidades. Te sigo, eh?

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  10. Qué interesante e intrigante. Me encantaría saber qué pasa a continuación. A ver si te animas con algo más.

    ¡Saludos! :)

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  11. oooooooo me gustó tanto tu relato, espero y sea más largo, quiero seguirte leyendo, está super genial tu relato, me encanta. Felicidades!!! Y tus fotos están super bien :)

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  12. ooh¡¡ A mi me ha encantado.. ojalá continúe la historia =)
    La foto de la tormenta es genial.
    Un saludo de desde ahora una nueva seguidora. ^^

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  13. Un misterio peligroso con pocas alternativas, luego sigo con la continuación, ya que la intriga ha quedado en el aire. Enhorabuena, JJ. Saludos de un nuevo seguidor.

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  14. Perdona por no haberte leído antes, que buena historia :D Te sigo!!

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