jueves, 13 de octubre de 2011

Hechizo de luna (parte 5)



El peligro había pasado. Era lo que Tania creía.
No parecían producirse otros sonidos dentro de la caverna. Aunque, era poco lo que su mente embotada podía procesar. Lucas se adueñó por completo de sus sensaciones y emociones.
Tenía a sus espaldas el cuerpo tibio del hombre, apoyado en ella con descaro. Sentía en las nalgas el miembro rígido de él y a su alrededor, unos brazos la acunaban de forma protectora, sin darle posibilidad a moverse. Lucas aprovechaba la ocasión para acariciarle el vientre y subía por él hasta tocarla bajo los senos, mientras la aferraba a su cuerpo. No dejaba de lisonjearle el cuello y el lóbulo de la oreja con cientos de besos. Tania arrugó el ceño a recordar dónde demonios estaba. ¿Cómo Lucas podía ser tan cariñoso en un momento tan angustiante como ese?
Sin embargo, y a pesar de las miles de dudas que la agobiaban, ella disfrutaba de las atenciones. No se había percatado que las ansiaba tanto, que estaba urgida de su contacto. Jamás había sentido una necesidad como esa, era como si el momento o la situación, desataran nuevos instintos en su organismo.
Abrió los ojos alarmada, la oscuridad no le permitió ver absolutamente nada, pero le daba la impresión de captar olores indescriptibles. Podía jurar que no estaban solos, que otras personas se hallaban en los alrededores. La cercanía de Lucas le agitaba los sentidos, los hacía más perceptibles. Ella parecía un animal en celo. Un «animal», otro ser completamente transformado. Esa idea la angustió, intentó separarse de él, pero Lucas se lo impidió.
—No hagas ningún ruido —le ordeno con una voz sutil.
Tania decidió esperar y mantenerse callada e inmóvil, no sabía dónde estaba metida y qué tipo de problemas la rodeaba. Lucas la soltó y le tomó con fuerza una mano. La empujó con suavidad para pegarla a él y obligarla a caminar a su lado.
Ella se dejó guiar sin resistirse, no tenía idea qué dirección tomaban. Escuchaba a su alrededor otras pisadas, además de las de ellos.
Después de andar algunos metros, divisó una tenue luz que a cada paso se volvía más grande y le alumbraba el camino. El túnel de tierra se hacía visible hasta morir en una reducida habitación, fabricada bajo la tierra.
A diferencia del anterior, ésta se encontraba vacía, e iluminada por dos ventanas estrechas ubicadas en lo alto. Una puerta de hierro, encadenada al marco y sellada con un grueso candado, les impedía el paso.
Al sumergirse en la habitación y bañarse con su luz, ella pudo detallar a sus acompañantes.
Lucas estaba descalzo, vestido solo con un pantalón de mezclilla cubierto de tierra. Los cabellos le caían húmedos y desordenados sobre el rostro. Su mandíbula cuadrada y varonil estaba poblada por una incipiente barba, tan oscura como sus cabellos. Y sus ojos negros mantenían una mirada dura, lejana y desafiante.
Junto a él se encontraban dos hombres, uno alto de gran musculatura y el cuerpo marcado con viejas heridas, y otro más delgado, de cabello rubio y rizado.
Giro para ver si tras ella había más personas y se topó de frente con una mujer. Tenía su misma altura, pero una musculatura bien definida a pesar de ser delgada, de cabellos cortos y mirada felina, que dirigía con violencia hacia ella.
—¿Cómo rompemos el candado?
El rubio se acercó curioso a la puerta. Sopesaba en su mano el desgastado cerrojo que les impedía salir del túnel.
—¿Quién es ella? ¿Qué hace aquí? —consultó con severidad el musculoso, que observaba a Tania con el ceño apretado.
—Una amiga —expresó Lucas sin prestarle atención. Se ocupaba en estudiar la puerta para hallar algún punto frágil que le permitiera abrirla.
Tania se sintió incómoda. Los compañeros de Lucas la miraban con curiosidad y cierto rencor.
—¿Qué había en el túnel? —le preguntó a Lucas, ignorando al resto.
—Animales infectados. Tienen mucho tiempo en esta cueva y han perdido parte de los sentidos, por eso no nos ubicaban —manifestó él—. Pero si hubieran logrado alcanzarnos, nos hubieran devorado en segundos.
Ella recordó a los perros feroces que había encontrado en una de las cabañas. Imaginar a esos animales rondar libres por la cueva, con sus filosos colmillos y sus endiablados ojos cerca de ella, le helaba la sangre.
—¿Por qué tienes que darle explicaciones? —inquirió el musculoso, y se acercó con amenaza a Lucas para obligarlo a abandonar la inspección de la puerta y encararlo.
—Ya te dije, es una amiga —respondió él con aspereza y continuó su evaluación.
—¿Y qué hace aquí? —insistió el hombre—. Este no es un buen lugar para acordar una cita —ironizó—. Casi nos daña el escape. Pasamos tres días luchando por liberarnos de las cadenas y cuando lo logramos, aparece ella con sus ruidos y su linterna.
Tania se llenó de ira, estaba cansada por tantas intrigas, miedos y angustias. Se acercó al musculoso hasta pararse muy firme frente a él, y apuntarle el pecho con un dedo acusador. El hombre era mucho más grande que ella y su pose era amenazadora, pero ya nada la intimidaba.
—Escúchame, masa de músculos. Vine por él, no por ti. He pasado por muchas cosas y quiero respuestas. Si no te agradan mis preguntas puedes volver al túnel cuando quieras y alejarte de mí.
El hombre la observó con irritación y los puños cerrados, pero no hizo nada. Tras ellos, se oían murmullos de risas mal disimuladas, que enfadaron aún más a Tania. No estaba dispuesta a soportar burlas.
Lucas la tomó por los hombros y la alejó de su amigo para girarla hacia él.
—Tranquila. Pronto saldremos de aquí y te explicare todo —le encerró el rostro entre las manos, hasta hundirla en la profundidad de su mirada—. ¿Severiano te entregó el diario?
—Sí.
—¡¿Lucas?! —El musculoso exigía respuestas, pero él no quería responder a ninguna.
—¿Cómo llegaste hasta aquí? —consultó Lucas en dirección a Tania.
—Vine con Carlos.
Ella escuchó que los demás emitían un suspiro ahogado. Lucas arrugó el ceño, sin dejar de observarla.
—¿Y dónde está él?
—No sé. Lo hirieron en una pierna. Me dijo que corriera, que no me dejara alcanzar y me dio un mapa.
Varias maldiciones susurradas escaparon de las bocas del resto del grupo. Lucas respiró hondo y le acarició con ternura las mejillas.
—¿Quién te seguía?
—¡No sé! —respondió alterada—. Escuchaba gritos de hombres y ladridos feroces. A mí alrededor caían muchas balas, pero nunca vi a nadie. Todo se silenció cuando entré en la cabaña de los perros.
Ahora fue Lucas quien se mostró impactado y los demás aumentaron el tono de las maldiciones.
—Estamos fritos, Lucas. Todos deben saber que ella está aquí. Nunca saldremos de este lugar.
Con una mirada inflexible, él silenció a su amigo, quien al ver que no lograba influir en las decisiones del hombre, se dirigió dando zancadas hacia la entrada del túnel.
Los temores de Tania se reactivaron. Los ojos se le llenaron de amargas lágrimas.
Lucas la ubicó a un costado de la habitación y le acarició los hombros con ternura.
—Quédate aquí, voy a abrir la puerta.
Él le quitó al rubio de las manos la linterna que Tania había utilizado para entrar al túnel, y comenzó a golpear el candado con energía. Logró abrirlo después de varios intentos. Ella podía notar una ira reprimida en él. Se mantenía en estado de alerta, rígido y callado, con el rostro endurecido. Era evidente que algo lo perturbaba.
Cuando el cerrojo cayó y la puerta se abrió, todos salieron del lugar. Los ojos se le escocieron por el brillo del sol. Habían pasado días encerrados en esa oscura cueva y las pupilas las tenían acostumbradas a la penumbra.
Al recuperar la visión, Lucas la tomó de la mano y se adentró en la selva. A los pocos metros tuvieron que detener la huída. De la vegetación comenzaron a salir feroces perros, con una espuma blanca colgándoles en los hocicos. Eran dominados por cadenas que sostenían hombres de músculos abultados, cabezas rapadas y rostros marcados por cicatrices. Con los ojos tan amarillos como el sol.
—¿A dónde piensan volar, pajaritos? —preguntó con burla quien parecía ser el líder. El hombre se plantó frente a ellos y les bloqueó el paso con su cuerpo demoledor. Todos portaban armas largas, que parecían innecesarias en sus poderosas manos.

3 comentarios:

  1. Muy buen capítulo! Al fin conoceré a Lucas ;)

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  2. Me transportas totalmente a la historia, mientras leo veo a Tania, el túnel... :)
    Que suerte que haya encontrado por fin a Lucas :)

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