lunes, 24 de octubre de 2011

Hechizo de luna (parte 6)



Lucas empujó a Tania para colocarla tras su espalda y protegerla de la amenaza. Ella observó aterrada la escena mientras se aferraba a uno de los brazos de Lucas.
—¿Pensaban que el escape sería fácil?
—Déjanos marchar y olvidaremos cualquier incidente —expuso Lucas.
El líder, un hombre alto y de venas brotadas, sonrió ante la solicitud. Sostuvo con mayor fuerza la cadena que apresaba a su endiablado perro, un Rottweiler de casi cien kilos que los miraba con hambre a través de unos ojos enrojecidos.
—¿Y hacer las cosas menos divertidas? —expuso con una sonrisa cínica—. Mi perro tiene mucha energía acumulada. No te imaginas cuanto ansía una buena persecución.
De forma imprevista el hombre soltó un poco la cadena, para dar mayor libertad al perro. El animal se arrojó hacia ellos y ladró con nerviosismo, ansioso por clavar sus afilados dientes en la piel de alguien, pero su amo se lo impidió.
El grupo se sobresaltó ante el ataque, no obstante, se mantuvieron en el sitio, alertas a los movimientos de los enemigos. La única que temblaba como gelatina era Tania, que estaba a punto de correr y gritar como una loca poseída.
Los hombres se acercaron aún más mientras los perros rasgaban la tierra en medio de gruñidos, anhelando ser liberados. Pero una explosión producida a varios metros de distancia llamó la atención de los animales, quienes lograron librarse del agarre de sus amos para correr hacia el sonido. Lucas y el resto del grupo, aprovecharon la ocasión para escapar, llevando consigo remolcada a Tania, que apenas podía mover las piernas.
Los hombres, por un momento, quedaron perturbados por la explosión. El intenso sonido les afectó los tímpanos. Sin embargo, pronto se recuperaron y se dividieron en dos bandos de cuatro miembros. Unos corrieron hacia el estallido para recuperar a los animales y los otros, fueron detrás de los escapistas, al tiempo que cargaban los cartuchos de sus armas.
Lucas corría sin soltar a Tania. Ella hizo un esfuerzo por igualarle el paso, con el corazón palpitándole en la garganta. Entraron en un claro donde hallaron un cementerio de vehículos, lo atravesaron a toda velocidad y subieron por una colina. Esquivaban, con ayuda de la vegetación, las balas que caían cerca. Una segunda explosión distrajo a los asesinos que los perseguían y les permitió a ellos llegar a la cima sin contratiempos.
—Alguien los ataca —comentó el rubio mientras observaba el conflicto desde un peñasco. El resto se acercó para ver quién se atrevía a arremeter solo contra aquellos sujetos.
Tania se quedó en la colina, con las manos apoyadas en las rodillas, procuraba respirar a través de jadeos. No quería ver más violencia, ya tenía suficiente con lo que había vivido.
—Es Carlos —confesó Lucas. Aquello la sobresaltó y la hizo correr hasta el peñasco para ver si era cierto lo que decía. Al reconocerlo y verlo avanzar con agilidad entre los asesinos, al tiempo que lanzaba granadas para llamar su atención e invitarlos a seguirlo, se angustió.
—Van a rodearlo —expresó mientras se tapaba la boca con una mano.
El grupo miraba atónito como los ocho asesinos lo cercaban y dirigían a los perros hacia él. Pero los animales estaban ansiosos por correr hacia las detonaciones. Atacaban incluso a sus dueños, para que los dejaran libres.
—Tenemos que hacer algo —exigió Tania. Sabía que esos hombres serían capaces de matarlo. Él estaba herido y no podría defenderse.
—¿Estás loca? Aprovechemos el momento para escapar —declaró el musculoso y se incorporó para continuar la huída, siendo seguido por el rubio y la mujer. Tania se giró hacia Lucas, que aún miraba la escena con el ceño fruncido.
—No vamos a dejarlo morir, ¿cierto? —Lucas la observó con aspereza, sin decir nada. Su actitud la llenó de ira—. Perfecto. Entonces iré sola.
Se levantó llena de determinación para bajar la colina, sin tener la más mínima idea de qué hacer para ayudar a Carlos. Lucas la tomó del brazo y la giró hacia él.
—Es poco lo que podemos hacer.
—Cualquier esfuerzo será suficiente.
—¿Se volvieron locos? Si él hace eso es para permitirnos huir sin problemas. —El musculoso intentaba meter un poco de cordura en las cabezas de ambos, pero lo que lograba era enfurecer más a Tania.
—No sé por lo qué habrán pasado ustedes, pero ese hombre me salvó la vida una vez y ahora se arriesga de nuevo para ayudarme a salir de aquí. No pienso dejarlo morir.
Ella miró a Lucas con súplica. Ansiaba que él la apoyara en su idea suicida. Si iba sola, no lograría ninguna diferencia.
—Tenemos que ayudarlo —volvió a rogarle. Lucas respiró hondo y afirmó con la cabeza. Sabía que era una locura, esa misión los haría perder un tiempo valioso que podían invertirlo en alejarse de aquel lugar.
—Lucas, sabes perfectamente que ese hombre merece morir aquí. Es uno de ellos.
Tania observó al musculoso con ira y se soltó de Lucas para enfrentarlo, pero él la detuvo y volvió a girarla hacia él.
—Bajemos hasta llegar a los vehículos. Utilicemos lo que podamos para hacer ruido, eso atraerá la atención de los animales que arrastraran a los hombres para perseguirnos. —Suspiró antes de continuar—. Espero que Carlos aproveche esa distracción y encuentre una manera de escapar. No podremos hacer nada más.
Tania asintió. Estaba muerta de miedo, pero no iba a permitir que alguien muriera por su culpa.
—Lucas, ese hombre es un asesino, no arriesgues tu vida para salvarlo. Ésta puede ser nuestra única oportunidad para destruir el galpón —el musculoso insistía, aunque era consciente de que Lucas no cambiaría de parecer.
Cientos de preguntas se arremolinaron en la cabeza de Tania, pero no había tiempo de aclararlas. Primero, debía salvar a Carlos, luego… le partiría la cara al musculoso, y después, encontraría el tiempo para obtener respuestas.
—Adelántense ustedes, los alcanzaré luego —ordenó Lucas al grupo y, sin prestar atención a sus quejas, bajó la colina con Tania, hasta llegar al cementerio de autos.
Cada uno tomó un hierro del suelo para golpear la carrocería maltrecha de un Ford, con la mirada fija en el borde de la vegetación, por dónde suponían, estarían ubicados los asesinos con los perros. Tania aporreaba con fuerza el metal, hasta que los fieros ladridos comenzaron a escucharse más cerca.
—¡Vamos!
Lucas soltó el hierro y tomó a Tania para escapar, pero no se dirigió hacia la colina, sino a otra zona de la selva.
Tania corría girando el rostro de vez en cuando, para verificar si estaban lejos de los animales, pero de pronto, chocó contra Lucas, que se había detenido de manera imprevista.
Cuando estuvo a punto de reclamarle se dio cuenta de que estaba frente a un barranco pronunciado. Si no hubiera sido por los agudos instintos de él, que supo detenerse a tiempo, hubieran caído al fondo de la depresión.
—¡Lucas, ¿qué vamos a hacer?! —preguntó aterrada. Sabía que estaban acorralados.
—Esperar. No nos harán daño. Solo nos regresaran al túnel —explicó él con resignación.
—¡¿Cómo sabes?!
Las pisadas y los ladridos se escuchaban cada vez más cerca. Lucas empujó a Tania para ubicarla detrás de su cuerpo. Pero a los pocos segundos, todo se silenció. No se producía ningún movimiento, mucho menos un sonido.
Ella se aferró a él, de forma inconsciente le clavaba las uñas en los hombros. No podía cerrar la boca ni aligerar la amplitud de los ojos, mientras oteaba la selva que estaba hundida en un sepulcral silencio.
El brusco vuelo de una bandada de pájaros la hizo gritar despavorida. Lucas se giró hacia ella y la abrazó con fuerzas. Le pedía en susurros que se calmara y no hiciera más ruidos. Tania no podía evitar temblar de espanto, con la piel erizada.
Una parte de la vegetación comenzó a moverse y se escuchaban unas débiles pisadas que se acercaban. Ella se sobresaltó, pero Lucas la abrazó con más fuerzas y le hundió el rostro en su pecho para tranquilizarla.
Tania volvió a respirar de nuevo al ver la enorme figura de Carlos aparecer ante ellos, con un delgado hilo de sangre surcándole el rostro, proveniente de una herida hecha en la cabeza.
—Están todos muertos —declaró. El moreno compartió con Lucas una mirada cómplice. Tania no soportó más la presión y se derrumbó a llorar su angustia en el pecho de Lucas.

5 comentarios:

  1. "- Están todos muertos."

    Me quedo con la espera de la explicación… Un gusto leerte. Muy entretenido este capítulo. Saludos.

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  2. se está poniendo cada vez más intenso!!
    Te está quedando genial la historia!!

    Espero ansiosa el próximo capi!!

    Besos!!

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  3. Hola guapa! No me he leído este capítulo porque quiero comenzar desde el principio, cuando tenga un ratito te empiezo a leer, ya que no conocía esta historia que tienes en curso. Muchos besos!

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  4. Me quedo yo también a la espera de una explicación acerca de quién o qué son Lucas y Carlos... Muy entretenida está la historia. :)

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  5. Poco a poco me pongo al día con la novela :)
    Cada capítulo me sorprende más y quedo intrigada!
    Un saludo

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