miércoles, 26 de octubre de 2011

Hechizo de luna (parte 7)


Unas horas después, Tania se encontraba en medio de la selva. Caminaba sin saber a dónde y completamente agotada.
Tenía cientos de preguntas en la cabeza, pero primero, necesitaba un baño, comida caliente y una cama mullida para poner las ideas en orden.
Lo peor, era tener que soportar la mala cara del musculoso y de la mujer, quienes cada vez que podían la fulminaban con su rencor; o el rostro curioso y algunas veces divertido del rubio, que la hacía pensar que se burlaba de ella. Sin embargo, lo que más la inquietaba era la intensa mirada de Carlos, que la escondía cada vez que ella lo observaba.
Lucas, en cambio, avanzaba silencioso, pensativo y molesto. No se detenía ni amilanaba el paso, y nunca le soltaba la mano. Por un lado la hacía sentir segura, pero por otro, la enfurecía. Él sabía que ella necesitaba, aunque sea, ánimo para continuar. Su mutismo la enervaba.
—A pocos metros hay unas cuevas. Allí podremos pasar la noche y atacar el galpón en la mañana.
El musculoso había trazado un plan sin consultar con el resto del grupo, pero nadie lo contradijo, y ella estaba muy cansada para reclamar. La cueva le serviría para dormir un poco. Si es que no estaba infectada por animales salvajes.
Hallaron un río, así como algunas frutas que les sirvieron para amilanar la ansiedad del estómago. Después de comer y asearse, ella se recostó en una roca, con la mirada fija en las brillantes estrellas que adornaban el cielo. Cerca, Lucas acordaba con el musculoso la manera en que atacarían el supuesto galpón. No quería oír más sobre experimentos, ataques y muertes, quería paz para calmar los nervios, por tanto, se bajó de la piedra y se marchó en dirección al río. Quizás el agua fría lograría serenarla.
Caminó el corto sendero hasta encontrar un lugar tranquilo, pero entre las grandes rocas que bordeaban el arrollo divisó la figura del rubio. Pensó en acercarse e intentar entablar una conversación con él. Del trío que acompañaba a Lucas, él era quien parecía más agradable. Y si ella los acompañaría en una aventura suicida, al menos, debía saber sus nombres.
Pero cuando estaba cerca, notó que el hombre se escondía entre las piedras y miraba con rostro enfebrecido hacia el río mientras se masturbaba.
Eso la hizo estallar en cólera. Podía soportar cualquier cosa, menos que espiaran con perversión a una mujer, mientras ésta se daba un baño privado. Ella no tenía ningún trato con la chica que viajaba con ellos, pero tenía que ser solidaria con su género y evitar el abuso masculino.
—¿Qué haces? —le preguntó con enfado. Utilizó un tono de voz alto para que la mujer la escuchara y si estaba desnuda, tuviera oportunidad de cubrirse.
El rubio la miró aterrado y con rapidez se subió el pantalón, al tiempo que escondía su avergonzado rostro.
—¿Tania?
Una poderosa voz masculina proveniente del río la impactó. El rubio bajó aún más la cabeza, ella pensaba que de haber sido posible, el hombre se enterraría en el suelo como los avestruces.
La imponente figura de Carlos apareció entre las rocas, vestido solo con el pantalón. Tenía el botón sin cerrar y el cuerpo húmedo.
—¿Estás bien?
Carlos se acercó a ella y la evaluó de pies a cabeza. Esperaba encontrar algún brote de sangre, golpe o cualquier otro daño, pero aparte del rostro pálido, los ojos llenos de lágrimas de vergüenza y la boca abierta, no había nada en Tania fuera de lugar.
—¿Qué sucedió? —preguntó confuso.
Ella no podía hablar, miraba con timidez al rubio que cada vez se encogía más. Carlos giró el rostro furioso hacia el hombre y lo encaró molesto, con ganas de estrellarle los puños en el rostro.
—¿Qué le hiciste, imbécil? —rugió. Tania corrió para interponerse entre ellos y evitar una lucha innecesaria. En ese momento apareció Lucas con el musculoso y la mujer, desconcertados por la escena.
—¿Qué demonios sucede aquí? —solicitó Lucas.
Ella estaba a punto de perder el control de sus nervios, pero como pudo se calmó e intentó aplacar los ánimos del resto de los presentes.
—No ocurre nada. Todo fue una confusión.
Carlos fulminaba al rubio con la mirada mientras el hombre se debatía entre salir corriendo o enfrentar su verdad en medio de todos.
—Vi una serpiente y me asusté. Este hombre… —ella se giró para señalar al rubio y compartir con él una mirada cómplice — me ayudó… y la alejó…
Por algunos minutos todos quedaron en silencio. Desconcertados.
—Mejor regresemos a las cuevas —propuso Lucas, para dar fin a aquella extraña situación—. Debemos mantenernos unidos para evitar un ataque sorpresa.
El grupo regresó en silencio a las cuevas. Cuando el rubio pasó junto a ella le dedicó una sonrisa de agradecimiento y le guiñó el ojo. Ella le devolvió la sonrisa con timidez mientras su corazón brioso se sosegaba.


3 comentarios:

  1. Me encantó, nooooooooo, no lo termines todavía por favorrrrrrrrrrr!!!

    Besos!!

    qué le pasará a la chica???
    Apuesto a que se queda con Carlos jeje!!

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  2. Qué barbaridad!! Es un caos la vida de Tania!! Que confuso está todo... :S Coincido con Patri, me parece más íntegro y confiable Carlos que Lucas.

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  3. Oh!!! Cada capítulo me intriga más y más.
    Por cierto escribes muy bien :) Felicidades.

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