martes, 8 de noviembre de 2011

Hechizo de luna (parte 8)



En las cuevas, a pesar de la sabia advertencia de Lucas, el grupo no se mantuvo unido. El musculoso y la mujer desaparecieron a los pocos minutos de llegar. El rubio, ni siquiera regresó con ellos, inventó una mala excusa para volver al río. Y Carlos, acababa de marcharse, después de haber anunciado que daría una vuelta de reconocimiento por la zona, cuando en realidad, lo que quería era alejarse de la pareja para no ser testigo de melosas caricias.
Al estar solos, Lucas se acercó a Tania y la envolvió dentro de sus tibios brazos, para besarle el cuello con ternura.
—Lucas, tenemos que hablar —dijo ella y se esforzó por no caer rendida ante las caricias del hombre.
—Dime —habló él sin dejar de lisonjearle el cuello con los labios. Ella sabía que él estaba poco dispuesto a iniciar una conversación. Su voz seductora y cargada de deseo se lo confirmaba.
—¿Qué sucedió con esos hombres y con los animales? ¿Cómo pudieron caer todos muertos de un momento a otro?
Él respiró hondo, sin alejarse de ella, pero detuvo las caricias.
—Creemos que tienen incorporado un sistema que le permite a alguien controlar sus acciones.
Ella se giró y lo miró confundida, esperaba una respuesta más convincente.
—Son suposiciones. ¿Has leído el diario? —Ella asintió, con los ojos muy abiertos—. En él explican que les han inyectado una sustancia desconocida repetidas veces, que los vuelve resistentes, pero al mismo tiempo, los enloquece. Sin embargo, hemos visto que responden a ciertas órdenes de forma automática, incluso sufren espasmos repentinos y hasta la muerte.
Tania lo observó con escepticismo, aquello superaba sus expectativas.
—¿Por qué hacen eso? ¿Quiénes son?
Lucas la abrazó con más fuerza y volvió a hundirse en su cuello, para mimarlo con ternura.
—Esa historia es muy larga. Porque mejor no nos relajamos esta noche y mañana, antes de irnos, te lo cuento todo.
Él continuaba con sus febriles caricias, con intención de seducirla. La recostó en el suelo, se ubicó junto a ella y le apresó con suavidad las manos cerca de la cabeza. Se apoderó de su boca, hasta aturdirla con besos ansiosos. Ella por un momento se dejó hipnotizar y se olvidó de todo lo que había vivido. La sangre le ardía en las venas.
Sin embargo, su cuerpo comenzaba a experimentar sensaciones desconocidas. El oído se le agudizó, no solo captaba el sonido del río, sino pisadas, jadeos y conversaciones difusas. Las fosas nasales se le impregnaron con el aroma intenso de Lucas, e inclusive, le pareció percibir el olor metálico de su sangre.
Se estremeció y lo empujó para apartarlo de ella. Él rodó varias veces por la fuerza que ella había aplicado, hasta terminar junto a una roca.
Ambos se observaron confundidos. Después de unos segundos de tensión, él sonrió y se sentó en el suelo con la espalda apoyada en el peñasco.
—Lo sabía.
Tania estuvo a punto de responderle con algún sarcasmo, un grito o, tal vez un insulto, pero nada le salía. Los nervios la tenían petrificada. Lucas se levantó para acercarse, pero antes de que pudiera avanzar, ella corrió presurosa en dirección al río. Necesitaba con urgencia estar sola, la cercanía del hombre la perturbaba y la hacía sentirse más confusa.
No se detuvo hasta que sus pies se hundieron en el agua fría. Cayó arrodilla y apoyó las manos sobre una piedra con los ojos cerrados. Quería calmar todos los sentimientos que se agitaban en su interior. Pero un extraño sonido tras su espalda le bloqueó los pensamientos y le despertó el terror. Abrió los ojos para girarse, pensaba que Lucas la había seguido, pero alguien le cubrió la cara con una tela y la apresó con fuerza entre sus poderosos brazos.
Ella se debatía angustiada, respiraba con dificultad. Algo había en aquel lienzo de olor fuerte que le maltrataba las fosas nasales y la garganta, y le escocía la piel.
No tuvo tiempo de gritar, pronto se sintió débil. A los pocos segundos cayó en la inconsciencia, segura de que había llegado la hora de su muerte. 
*****

Tania abrió los ojos, pero encontró oscuridad. Esperó un largo minuto mientras se acostumbraba a la penumbra y sus nervios se serenaban, no quería entrar en pánico. Lo único que captaba eran fuertes olores. Todos desagradables.
Cuando logró que la vista se le aclarara, levantó el torso y se apoyó en los codos. El corazón casi le estalló en el pecho al ver a una mujer de silueta delgada y larga melena desordenada sentada a su lado, con la atención fija en ella. Procuró no hacer movimientos bruscos mientras se alejaba para afirmar la espalda en la pared. Llegó al límite casi enseguida, entendiendo que el lugar donde se hallaba era bastante pequeño.
—¿Quién eres?... ¿Dónde estamos? —preguntó con esfuerzo. La garganta le ardía.
—Tiene días sin hablar, es inútil que le preguntes algo.
Una voz femenina, con un marcado acento extranjero, se escuchó a varios metros. Tania forzó la mirada para ver a la persona que le había hablado, pero le fue imposible. Lo que sí pudo notar fue la imagen de objetos largos, delgados y brillantes que se formaban frente a ella, uno junto al otro. Al acercar la mano y tocar la frialdad del acero confirmó sus sospechas. Eran barrotes. La tenía prisionera.
La angustia le subió por el pecho como una humareda y le empañó los ojos con lágrimas.
—¡¿Quién eres?! ¡¿En qué lugar estamos?! —consultó con la voz alterada.
El sonido de unas gruesas cadenas que se arrastraban rompió el silencio.
—Mi nombre no tiene importancia, simplemente somos ellas… Bienvenida al infierno.
Tania sintió un escalofrío recorrerle la columna vertebral. No pudo evitar que las lágrimas escaparan hacia sus mejillas.
—¿Dónde estamos? —inquirió con la voz cortada.
—En la sala de control, y por si quieres saberlo, nosotras somos la herramienta de descarga cuando el programa se les sale de las manos —expresó la mujer con ironía.
—¿Se les sale de las manos? ¿A quién?
—A los imbéciles que juegan a ser Dios —respondió la voz. Tania intentó calmar los nervios para procesar la información que recibía. Miró a la mujer que tenía a su lado y vio cómo se agazapaba en un rincón, abrazada a sus rodillas y con la cabeza oculta entre ellas.
—¿Cómo es eso? —preguntó entre sollozos— ¿Qué van a hacernos?
—Lo que les provoque. —Esta vez la respuesta vino de otra voz femenina, que se encontraba a mayor distancia, acompañada por el rodar de unas cadenas. Pero para Tania, era imposible mirar a quienes le hablaban. La oscuridad, era total.
Estuvo a punto de entrar en shock, se abrazó a los barrotes y hundió el rostro en ellos. Lloraba y rogaba en silencio despertar cuanto antes de aquella pesadilla.
—Por favor, díganme dónde estoy. ¿Qué hago aquí? —balbuceó en medio de su llanto. Pasó un minuto antes de que la mujer que le había hablado primero volviera a hacerlo. En esta ocasión, utilizó un tono de voz más suave.
—No sabemos dónde estamos. Llevamos semanas aquí. Nos secuestraron y nos trajeron inconscientes, como a ti. Nos dan comida una vez al día y nos obligan a servir dos o tres veces a los hombres con los que experimentan.
—¿Servir?
—Cuando los experimentos no salen como ellos quieren y los hombres enloquecen, los traen para que se calmen con nosotras y así, continuar las pruebas.
Tania se levantó con dificultad del suelo, las piernas le temblaban y el estómago se le contraía en un tenso nudo.
—¿Cómo se calman? —inquirió.
—Nos violan o golpean. Lo que ellos prefieran. La idea es que saquen toda la furia que tienen reprimida —respondió con enfado la mujer que se hallaba más lejana.
Con terror, Tania observó a la chica que estaba a su lado. Aún se encontraba ovillada, pero ahora se mecía hacia adelante y hacia atrás. Se aferró a los barrotes para controlar el asco y el miedo que se le agolpó en el vientre.
—Cuando una muere traen a otra —explicó la mujer—, pero habían pasado días desde que fallecieron las dos últimas y no llegaban nuevas… no lo tomes a mal, pero es un alivio tenerte aquí.
La furia le recorrió las venas a Tania. Aquello no podía estar pasándole. No estaba dispuesta a soportar humillaciones de ninguna manera, tenía que pensar cómo escapar de allí.
—¿Dónde te encontraron? —le preguntó la mujer más lejana— A mí y a la chica que está contigo, nos sacaron de la casa de citas donde trabajábamos. Creo que el dueño nos vendió, estaba desesperado por las deudas que tenía.
—Yo era dama de compañía en un bar —expresó la más cercana. Tania sintió que las fuerzas le flaqueaban, entendía que un verdadero infierno le esperaba.
Fue a ese lugar por voluntad propia, dispuesta a soportar cualquier cosa para rescatar a Lucas. Pero ahora era ella la secuestrada y estaba a punto de ser ultrajada de la peor manera. Sin saber qué había sucedido con Lucas, con sus amigos, o con Carlos…
Sin embargo, sus pensamientos se bloquearon cuando se abrió la puerta. El lugar se iluminó con la luz exterior. Tania cerró los ojos para calmar el escozor. Al abrirlos, vio a un hombre menudo, con una bata blanca que lo cubría hasta las pantorrillas. El sujeto entró y encendió la luz, varias lámparas alumbraron el amplio salón donde se encontraba. Eso la ayudó a evaluar el lugar. El sitio parecía un laboratorio, era limpio y ordenado, contaba con dos mesones de hierro ubicados en el centro y varias jaulas a los costados.
También pudo observar a las tres mujeres que la acompañaban. Todas estaban desnudas, con los cabellos largos revueltos en la cabeza y tan delgadas que le era fácil divisarle los huesos del esqueleto. Se encontraban encadenadas por un tobillo y tenían el cuerpo completamente marcado por golpes, mordidas y arañazos, algunas heridas parecían frescas. La visión le revolvió las tripas.
El hombre de la bata se dirigió a un estante de aluminio, ubicado un par de metros alejado de ellas. Tania no pudo detallarle las facciones por una poblada barba oscura que le cubría el rostro. Al llegar al estante, el sujeto lo abrió, y sacó uno de los cientos de frascos de vidrio que había dentro, sin etiquetas. Luego se acercó a la puerta para llamar a alguien.
Tania sentía que el corazón le galopaba indetenible en el pecho. Quizás venían con algún hombre a quién debían controlar y como ella era la «nueva», de seguro la utilizarían.
El pequeño barbudo regresó a la habitación y se acercó a su jaula, para mirarla con curiosidad.
—Qué bueno que estás aquí. Eres un caso fuera de serie.
El terror se apoderó de ella y la dejó paralizada.
Dos gigantescos hombres, con las venas brotadas por la tensión de los músculos, entraron al cuarto y se dirigieron a su celda. La abrieron con brusquedad, sin perturbarse por los gritos aterrados de la chica que se encontraba junto a ella.
Tania se mantuvo lo más firme posible, a pesar de que por dentro el alma y el corazón se le pulverizaban por el miedo.
—Con suavidad, la necesito calmada para colocarle las primeras dosis —exigió el barbudo a los sujetos mientras se ocupaba de preparar una inyección sobre uno de los mesones.
Uno de los hombres la tomó por el brazo y la jaló hacia afuera. Ella se aferró con todas sus fuerzas de los barrotes y luchaba por soltarse de su agarre, pero era inútil, el sujeto logró sacarla de la jaula como si fuera una muñeca de trapo, sin hacer mucho esfuerzo. Afuera, su amigo lo ayudó a retenerla.
Tania gritaba y se sacudía, trataba de zafarse del fuerte apretón, podía ver al barbudo llenar una inmensa jeringa con el líquido del frasco que había sacado del armario.
—¡Suéltame! ¡¿Quiénes son ustedes?! ¡¿Qué me van a hacer?! —gritaba.
—Tranquila, Tania. Después de esta inyección te sentirás mejor.
La acostaron en la mesa mientras ella pateaba, lloraba y gritaba. Los dos hombres la sostenían de pies y manos para que el barbudo pudiera colocarle la inyección en el brazo.
—¡Es un error, yo no debería estar aquí! —insistía, pero el sujeto se mantenía atento a la tarea que realizaba.
—Claro que sí. Teníamos meses buscándote. Si no fuera porque él nos informó de tu paradero, jamás hubiéramos dado contigo. Te ocultaron muy bien.
Ella no comprendía lo que el hombre decía, en realidad, no comprendía nada de lo que allí sucedía. Solo tenía la certeza de que alguien la había traicionado. Quizás el musculoso o la mujer, que parecían odiarla; o el rubio que tal vez, quiso evitar que ella abriera la boca y confesara su secreto; o Carlos, quién según los rumores que había escuchado, trabajaba con ellos. Aunque no podía dejar de incluir a Lucas, el hombre por el que estuvo dispuesta a dar hasta la vida.
—Cálmate, sentirás un pequeño malestar pero pasará pronto. Lo demás, será sencillo.
Ella gritaba y se estremecía mientras un líquido caliente penetraba por sus venas con dolor. Sentía que todo estaba perdido. Después de aquella inyección no tendría fuerzas para luchar y quedaría a merced de los demonios que se llevarían con violencia su existencia.
El estómago se le revolvió como si fuera un carrusel y la mente se le llenó con imágenes borrosas de su vida, que pasaban aceleradas.
Todo se volvió más confuso al escuchar una fuerte explosión. No podía mantener los ojos abiertos, una niebla densa le turbó la visión y extraños sonidos se le agolparon en los oídos: golpes, gritos, llantos, destrucción, ladridos de perros y risas macabras. Un coctel que con seguridad, precedía a su muerte.
La respiración comenzó a fallarle, justo en el momento en que los hombres la soltaron. Sus músculos se volvieron rígidos, no podía moverse a voluntad. Quería aprovechar la ocasión para escapar, pero su cuerpo no reaccionaba.
Más gritos y explosiones la aturdieron. Un vidrio se quebró cerca de ella y llantos desesperados de mujeres le martillearon la mente.
Unas manos fuertes la sostuvieron por los hombros y comenzaron a sacudirla.
—¡Tanía!... ¡Tanía!...
Escuchaba su nombre en la lejanía a través de una voz conocida, pero no podía verlo con claridad. Solo logró distinguir la silueta borrosa de su rostro mientras luchaba por no quedar inconsciente.

3 comentarios:

  1. Qué macabra situación!!! Menos mal que su ángel salvador llegó a tiempo... quién será? Lucas o Carlos? Quiero conocer el final!!! :)

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  2. Ya estaba ansiosa por leer otro capítulo, que bueno que se puso. Mmmhhh, no sé porqué, pero a mí me suena que su angel salvador es Carlitos jeje!!
    Veremos a ver que pasa entonces!!
    Cada vez mejor JJ, felicitaciones!!

    Besos!

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  3. ¡Ay dios, pobre Tania! Estoy deseando saber quién es el traidor y quién el salvador, jaja.
    ¡En seguida leo el siguiente capítulo!
    Saludooos :)

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