miércoles, 16 de noviembre de 2011

Hechizo de luna (parte 9)



Al despertar, sintió un leve dolor de cabeza. Había soñado con perros furiosos que la perseguían para clavar sus filosos dientes en ella.
Se sobresaltó al ver a Lucas junto a ella. La observaba con seriedad.
—¿Cómo te sientes?
Ayudada por él, se sentó sobre la mesa de hierro.
—Creo que voy a vomitar —le dijo. Cerró los ojos y se sostuvo la cabeza con una mano, para esperar que pasaran los malestares.
—Si puedes, hazlo, eso te ayudará a sentirte mejor. Tenemos que salir pronto de aquí.
Enseguida, todos los recuerdos cayeron en su mente. Comenzó a mirar nerviosa cada rincón, buscaba algún rastro de sus captores.
Los dos hombres que la habían apresado y el que le colocó la inyección, estaban en el suelo, inconscientes. El musculoso y el rubio ayudaban a la mujer que viajaba con ellos a sacar a las prisioneras. Y Carlos, vigilaba el exterior desde la puerta, con heridas sangrantes en el cuerpo, pero se veía firme. Mantenía los puños y el rostro endurecido, atento a cualquier movimiento.
—¿Qué sucedió? —le preguntó a Lucas.
—Nos apresaron. Como pudimos escapamos y vinimos a buscarte. Tenemos que irnos pronto.
Al bajar de la mesa se tambaleó por la falta de equilibrio. Él la atajó entre sus brazos. Al mirarlo, un amargo recuerdo le llegó a la mente: Si él no nos hubiera informado de tu paradero, jamás hubiéramos dado contigo.
A Tania se le erizó la piel al recordar las palabras del barbudo. Había un traidor en el grupo y ella era una presa. No podía confiar en nadie.
—Me inyectaron algo… —dijo.
—La dosis no entró por completo en tu organismo —aseguró Lucas—. Llegamos a tiempo y te colocamos un analgésico que detiene su efecto.
Ella respiró aliviada, pero seguía alerta ante cualquier novedad. Debía alejarse de ellos, cuanto antes, y escapar de aquel lugar.
Al terminar de sacar a las mujeres de las jaulas y cubrir su desnudes con mantas, el musculoso se acercó a ellos.
—Lucas, aprovechemos la ocasión y terminemos nuestra misión.
Tania podía percibir cómo la ansiedad y el nerviosismo se debatían en el rostro del hombre.
—Utilicemos la dinamita que vimos en la bodega —ordenó Lucas—. Vamos a ocuparnos de los laboratorios y las salas de prueba, el resto de las habitaciones no nos interesan.
—Bien, pero trabajemos rápido, este lugar nunca estuvo tan abandonado. Algo sucede —comentó con desconfianza el musculoso.
—Busca la manera de hacer una mecha que podamos encender desde afuera. Nos esconderemos en los túneles hasta que pase el caos, luego, nos marcharemos.
Tania no estaba de acuerdo con el plan. No quería volver a los túneles. Además, desconfiaba de todos. El rubio no le quitaba la mirada de encima, la mujer la ignoraba y el musculoso parecía muy nervioso. Lucas y Carlos también se notaban diferentes, algo había cambiado.
Mientras los hombres se ocupaban en colocar la dinamita, ella ayudó a sacar a las débiles prisioneras de la instalación, que no dejaban de quejarse por alguna dolencia. El rubio alteró el sistema de encendido de un camión militar, para utilizarlo como vehículo de escape.
En un momento de calma, Tania se acercó a Carlos y le tomó con delicadeza las manos para evaluar las heridas de sus muñecas, parecían serias. Él se apartó con timidez.
—¿Cómo te hiciste eso? —inquirió. El hombre alzó los hombros, restándole importancia al asunto.
—Tenía que quitarme las sogas con las que me habían atado, para liberar a los demás.
—¿Por qué eres el único herido?
—Porque tuve que luchar. —Carlos hablaba con la mirada clavada en el suelo. Ella se acercó más a él y le colocó un dedo en la mandíbula para subirle el rostro. La profundidad de sus ojos le erizó la piel.
—Fuiste el único que luchó y liberó a los demás, a pesar de que según el musculoso eres «el enemigo»… ¿por qué lo hiciste?
—Me necesitabas.
El corazón de Tania se le estrujó en el pecho, pero antes de decirle algo, la voz de Lucas comenzó a impartir órdenes.
—Suban al auto, vamos a encender la mecha —giró el rostro a la edificación y apretó los puños—. Aquí no puede quedar ni el polvo —dijo para sí mismo, pero Tania pudo captar sus palabras.
Mientras los demás se ocupaban de culminar el plan, ella se giró de nuevo hacia Carlos y notó que él la observaba con detenimiento.
—¿Podemos separarnos del grupo? —le dijo. Él frunció el ceño. Tania se acercó más y le susurró cerca del oído— Hay un traidor y estoy segura, de que su intención es entregarnos. En el túnel deben estar esperándonos, tenemos que escapar.
Carlos se irguió y la miró por algunos segundos con los ojos muy abiertos. Luego, endureció el rostro, la tomo de la mano y la llevó hasta el vehículo.
—Quédate cerca de mí. Cuando se produzca la explosión, saltamos del camión y corremos hacia la selva.
Ella se dejó llevar por él, su determinación le daba confianza. Al poco rato, cuando las mujeres estaban en el camión con el rubio como chofer y Carlos de vigilante, Lucas y el musculoso encendieron la mecha y corrieron al vehículo. Rápidamente se pusieron en marcha para salir de allí a toda velocidad.
Se internaron en la selva a través de un deteriorado camino de tierra. Minutos después, se escuchó una poderosa explosión. El auto se tambaleó por la onda expansiva, lo que creó confusión en el grupo.
Tania no tuvo tiempo de reaccionar cuando la fuerte mano de Carlos la apresó y el vacío se apoderó de su cuerpo. Él saltó del camión con ella entre los brazos. Rodaron varios metros, sufriendo heridas menores. Con agilidad, él se levantó, la lanzó sobre su hombro y corrió como alma que lleva el diablo.
Más explosiones y gritos sonaron en la lejanía. Trozos de selva caían a su alrededor.
Tania se sostuvo de Carlos lo mejor que pudo y cerró los ojos. Confiaba en la capacidad del hombre para sobrevivir.
Al llegar al centro de un claro, lejos de las explosiones que seguían produciéndose y del grupo que los acompañaba, fueron rodeados por militares, que apuntaban con firmeza sus armas hacia ellos. Carlos bajó a Tania con delicadeza y cayó abatido al suelo, jadeante. Tenía sangre y sudor mezclados en el cuerpo.
Ella se quedó junto a él, con el terror fijo en la mirada. Ese parecía ser el final del camino.

3 comentarios:

  1. guauuu, ese Carlitos se las trae, me gustó desde un principio, más que Lucas te diré!!
    Muy bueno JJ, que pena que ya se termine!!

    Besos y espero ansiosa el desenlace!!

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  2. Buenísimo el capítulo!! Que ganas de conocer el gran final ;) Saludos.

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  3. ¡Ooooh el final ya!
    Que buen capítulo, me ha gustado muchísimo :)

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