domingo, 6 de noviembre de 2011

Relato: Mi despedida...

En un rincón apartado del jardín, se encontraba una hermosa rosa de aterciopelados pétalos, moteados con vivos colores. Su mística belleza la hacía resaltar en el rosal y conmovía todas las miradas.

Pero tenía un grave defecto, su tallo estaba quebrado, quizás por el peso de algún insecto o por el paso descuidado de algún transeúnte.

Sin embargo, ella se esforzaba por llegar a la luz del sol, por erguirse entre el follaje para calentar sus pétalos y llenarse de vida, haciendo brillar sus hermosos colores como si fueran piedras preciosas sobre carbón: esmeraldas, rubíes, zafiros, topacios, diamantes y amatistas, centelleaban con orgullo, hechizando a todas las miradas que se atrevían a posarse sobre ella.

Me quedé atontada, admirando su inigualable belleza, hasta que comenzaron a caer sus pétalos uno a uno. 

Aún estaba llena de vida, apenas acababa de abrirse al sol, pero su tallo no le aportaba la fuerza necesaria y poco a poco se fue rindiendo.

Mis lágrimas caían sobre la húmeda tierra que la recibía gustosa. Yo sabía que eso pronto sucedería, pero aún conservaba la esperanza de ver por mucho tiempo más sus radiantes colores. 

Cuando ya todos sus pétalos habían caído, yo continuaba sentada frente a ella mirándola marchitarse. Incluso de esa manera seguía siendo hermosa. 

Una suave brisa la hizo volar por los aires y regó sus pétalos en el rosal.

¡Ve mi Rosa querida, a tu nuevo destino! Tu inquebrantable fortaleza me enseñó a superar tu pérdida y a mantenerme siempre erguida, aunque mi tallo se quebrara en miles de pedazos. 

El recuerdo de tu resplandeciente brillo se mantendrá en mi memoria y en mi corazón, por siempre…

Gracias por leerme.


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