martes, 24 de enero de 2012

Relato: Escribir ¿es un medio de comunicación?

“Escribir es un medio de comunicación”, María no sabía la cantidad de veces que había leído esa frase en el ordenador. Pasó toda la noche investigando, leyendo, indagando y buscando toda clase de artículos sobre literatura y el arte de la escritura para su informe de postgrado, y siempre se topaba con la misma frase.

Faltaba media hora para que el sol dominara el firmamento y ella, sin sueño ni cansancio, apagó el ordenador y se dirigió a la cocina sintiendo la mella de la frasecita en su cabeza: “Escribir es un medio de comunicación”. Respiró hondo e intentó olvidarse del asunto mientras se preparaba una tercera ración de café, pensando en otros temas menos relevantes. Después de tomarse un par de tazas y mordisquear pan dulce escribió en una hoja de papel una receta que la noche anterior le habían facilitado, ese día quería comprar los ingredientes que necesitaba para prepararla.

Garabateó en letras apuradas la receta y luego se encerró en la terraza con los parlantes del iPod en sus oídos. Dejó que la música más estridente de Guns and Roses bloqueara su mente mientras corría a toda velocidad en su bicicleta estática.

Una hora después y con la luz del sol calentando su espalda, María se bajó de la bicicleta empapada de sudor. Al entrar en la cocina, Danilo, su esposo, había preparado el desayuno, aseó la cocina y hasta compró el diario sin inconvenientes. Su actitud llamó poderosamente su atención.

Lo observó confundida, mientras el hombre ojeaba despreocupado el periódico, cómo si un ser de otro planeta hubiera invadido su cuerpo. Pero prefirió callar antes de armar un drama, como ocurría todas las mañanas. Ya era hora de cambiar de actitud y comenzar a aceptar las pocas cosas buenas que le daba la vida.

Danilo levantó con disimulo la mirada del periódico y la observó por unos minutos. Esperaba con resignación alguna cantaleta, pero María, con una leve sonrisa en los labios, lo ignoró y se adentró en la habitación para darse un baño. Dejándolo perturbado al confirmar sus sospechas.

Un rato después salió limpia, olorosa y muy bien peinada del cuarto, dispuesta a salir. Afuera, su hijo mayor jugaba con su Nintendo Wii en silencio, actitud también fuera de la normal. Al pasar por su lado, el chico le dirigió una mirada suplicante, esperando la típica discusión sobre la inutilidad del aparato y la necesidad de hacer algo productivo en la vida. María ya estaba cansada de decirles a los demás cómo debían actuar. De ahora en adelante solo se interesaría en ella misma.

Salió a la calle y se perdió toda la mañana en asuntos sin importancia, con la intención de alejarse un buen rato de su casa. Con facilidad se distrajo en una librería, pasándose la hora de la comida. Regresó a la carrera a su casa, sabía que los vagos de sus hijos y su esposo se estarían comiendo las uñas esperándola, así tuvieran el pan y la mantequilla a su lado. Pero quedó impactada al observar que su hija de quince años había preparado el almuerzo, sin quemar nada ni romper ningún plato, y el resto de la familia había colaborado en la limpieza de la cocina y hasta en el lavado de la ropa. Sin haberse agredido en el proceso.

La mujer los miraba atónita, viéndolos reunidos en la sala sentados sin discutir frente a la pantalla de televisión. Por un momento pensó que se había equivocado de casa.

Ese día, quizás por la falta de sueño o el estudio agotador, se había cansado de todo. De discutir, de sembrar inútilmente responsabilidad en sus hijos o atención en su marido. Se hartó de ser ignorada, rechazada e incomprendida, y pensaba cambiar, preocuparse más por ella que por los demás. Pero al parecer, su familia se le adelantaba en la intención.

Mientras cada miembro se ubicaba en silencio en sus asientos, ella se dirigió a la cocina. Necesitaba unos minutos a solas para asimilar lo que sucedía. Apoyó una de las manos en la cintura y la otra en la mesa, observando con detenimiento cada rincón para detectar qué se encontraba fuera de lugar.

Sobre el mesón estaba el papel que había escrito horas antes, con la receta que le habían recomendado para eliminar las indeseables palomas que invadían su terraza:

Mezclar dos sobre de veneno de ratas en 1/4 kg de arroz cocido, colocarlo en un envase y agregar un poquito de agua, lo suficiente para que el arroz se humedezca con el veneno y pueda ser consumido sin molestias. Una pequeña dosis da resultados inmediatos.

No se necesitaban más palabras. La escritura era más efectiva que vociferar un carnaval de improperios. Con una sonrisa triunfadora en el rostro regresó al comedor, para disfrutar del almuerzo que su familia le había preparado. Confirmando lo que había aprendido muy bien durante la noche:  “Escribir es un medio de comunicación”.

Gracias por leerme.

 

7 comentarios:

  1. Qué ingenioso relato! Jaja... Me gustó mucho!

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  2. genial!!jajaja.
    Lo voy a poner a la practica!!
    Me encanta tu forma de narrar, es muy fluida y siempre mantiene el suspenso de lo que vendrá!!

    besitos!!!

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  3. Me alegra que les guste, fue algo que se me ocurrió y no pude evitar escribir... jaja, parte del día a día... :-D

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  4. Me ha encanto!!! Qué buena manera de comprobar que "escribir es una forma de comunicarse"....Genial!!

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  5. Me encanta!!!!, no me lo hubiera imaginado... jijijiii

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  6. ¡¡¡wow!!! De verdad que como mi tocaya, no eme esperaba ese final! ¡me encanto! ¡saludos! :)

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  7. Que miedo le metiste a tu familia con ese comunicado...jajajaja

    Enhorabuena el relato es una genialidad.


    un fuerte abrazo

    fus

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