viernes, 10 de febrero de 2012

Relato Reto San Valentín: Cadena de Amor


Aquí les traigo el tercer relato del RETO SAN VALENTÍN, escrito por HELENA MORAN-HAYES. Espero les guste

Hace unos años vi una película que me llegó al corazón. Se trataba de un niño que decide, como proyecto en su colegio, hacer un favor a tres personas con la condición de que estas tres ayudaran a tres más. Y así la cadena de favores se extendería por todo el mundo.
Yo, decepcionada por una ruptura amorosa bastante traumática, decidí hace par de años sacudir mi espíritu, y tomé esta película de ejemplo.
Me negaba a creer que el amor ya no existía, que ya no había bondad en este mundo. No soy una mala persona, pero mi constantes fracasos en el ámbito amoroso y ver como la gente estaba llena de hostilidad y odio, me habían dejado con una tristeza infinita en el alma y en el corazón. Decidí hacer mi propia cadena, la llamé Cadena de Amor.
Esta cadena no era tan ambiciosa como la del niño de la película, el favor solo se tenía que hacerse a una persona, pero tenía un nivel de dificultad, esta persona a quien ayudaría tenía que tener un problema emocional, no económico o físico. Tenía que ayudar a una persona emocionalmente.
Tenía dos leyes más además de ayudar a esa persona, todo tenía que quedar en secreto, nada de decirle al mundo que tu eres una persona buena que ayudas a las demás y que retribuyes un favor, no, no, nada eso. Era totalmente secreto.
Y la tercera regla se me ocurrió después de pensar como la persona que ayudaría daría su palabra. Tomé un pequeño dije, un corazón rojo de cristal de swarovsky que me había regalado mi antigua pareja y lo dispuse como tótem para que la persona que ayudara se lo pasara a la ayudada. Una especie de testigo. Aunque me encantaba el corazón, siempre me traía mucha tristeza porque me recordaba un amor fracasado. Un sentimiento que no me dejaba avanzar. Pensé que esa era la mejor manera de liberar parte de mi tristeza.
La única desventaja de mi proyecto era que no llevaría un record de cuantas personas ayudarían a cuantas, además estaba el hecho que mi dije podía perderse con algún mal intencionado que supiera su valor real. Supuse que, como lo que hacía tenía mucho que ver con el amor, tenía que tener fe.
Cierto día venía caminando por la calle, tratando de pensar como empezar y como mantener mi proyecto de amor. Venía perdida en mis pensamientos cuando un susurro, más bien un llanto muy callado me sacó de mis fantasías.
Una chica de unos 17 años lloraba en la calzada. Abrazaba sus piernas con sus brazos y tenía enterrada la cabeza entre sus rodillas. No la pude ignorar. El llanto no solo salía de sus ojos, salía de su alma. Pensé que la vida me estaba dando una oportunidad de empezar mi proyecto.
Me acerqué a ella y puse mi mano en su hombro. La chica pegó un salto del susto. Se llamaba Emily y me contó su problema. Estaba embarazada. Su historia era muy triste, no solo por que tenía 17 años, sino porque no se recordaba como sucedió. Solo pudo deducir que hacía un poco más de un mes había ido a una fiesta y se despertó en su cama al otro día sin recordar nada. Supuso que se debió al alcohol, pero no había sido así. Me contó que su novio la había rechazado después de haber confesado que le puso una pastilla en su bebida y había tenido relaciones con ella inconsciente. Su mejor amiga la juzgaba por lo sucedido y bueno…todavía tenía que decírselo a sus padres.
Emily me rompió el corazón. Casi como un acto reflejo tomé el corazón de cristal de mi bolsillo y se lo puse en la mano “Nada es tan difícil como parece Emily, te rescataré” solo pude decirle.
Efectivamente no lo fue. Después de llorar con sus padres, estos la abrazaron y prometieron cuidar de ella y del niño que venía. No necesitaría ayuda, ellos la proveerían económicamente y le darían todo el amor que necesitaran.
Una semana después Emily me contactó y me agradeció haberla ayudado, en ese momento que la encontré ella había decidido interrumpir su embarazo. Dijo que yo la rescaté y que haría cualquier cosa por retribuirme haberla salvado.
Yo le respondí que no me debía nada y le expliqué lo de la cadena de amor.
Unos días después Emily me dijo que le había dado el dije a una chica que siempre estaba muy callada en su universidad, me contó que la chica con lágrimas en los ojos, le extendió una nota de suicidio que tenía planeado dejar esa noche. “La rescaté” me dijo feliz.
Ahí le perdí el rastro a mi dije y a mi cadena de amor.
Un año después fui a tomar un café con mi mejor amiga, me contó que hacía una semana la habían despedido de la oficina.
—¿Porqué estás tan feliz? Te despidieron —Le pregunté sin entender su felicidad.
—Por que cuando se te cierra una puerta, se abren mil. El día que me despidieron solo lloré, sabes que tengo la hipoteca de la casa, la deuda del auto y la enfermedad de mamá. No sabía que hacer, estaba desesperada y en ese segundo Paul ¿Recuerdas, el chico del que siempre estuve enamorada en la oficina? —Yo asentí— me extendió un corazón de cristal y me dijo “te rescataré” y luego me dio una tarjeta de presentación.
Cuando escuché la historia de mi amiga el corazón me dio un vuelco. Le había dado el dije, mi dije. Mi cadena de amor todavía existía después de un año.
—¿Y que sucedió? —Le dije tratando de parecer relajada, pero la realidad era que mi corazón saltaba de la alegría.
—La tarjeta de presentación era la del gerente de una de las publicidades más importantes del país. Por eso te invité el café, estás hablando con la jefa del departamento de relaciones públicas de la empresa, voy a ganar tres veces más de lo que ganaba antes —No aguanté la emoción y la abracé con lágrimas en los ojos— Eso no es todo —Me dijo riendo— También tengo novio. Paul se me declaró par de días después, me dijo que siempre estuvo enamorado de mí pero como trabajábamos juntos nunca se atrevió a decirme nada —Yo la volví a abrazar— Luego Paul me dijo las reglas del dije, pero no te las puedo decir. Solo te puedo decir que soy feliz.
No necesitaba escuchar más. Ella no me tenía que decir las reglas, yo las sabía a la perfección.
Par de meses después me encontraba en la fiesta de compromiso de mi amiga y Paul. Ahí conocí a David. Un hermoso hombre de casi dos metros de alto, con cabello negro algo alborotado, unos ojos azules como dos piedras de aguamarina y la voz más sexi que había escuchado en mi vida. Esa noche hablé y bailé solo con él. Si hubiese creído en el amor a primera vista, hubiese dicho que me había enamorado de David.
Una semana después, David me llamó y me invitó a cenar. A pesar que podía decir que estaba derretida por él, decidí aceptar su invitación pero no en plan romántico. Fuimos a cenar, está demás decir que fue una velada perfecta.
David me acompañó hasta la puerta de mi casa y ahí hablé. Le expliqué lo que había sucedido con mi pareja anterior, que mi corazón no estaba preparado para el amor.
—Eso lo sé desde que hablé contigo en la fiesta, sé que tienes muchas heridas que sanar —Me dijo con su sonrisa que podía derretir corazones y metió la mano en su bolsillo— Yo te rescataré— me dijo en un susurro tomó mi mano, me colocó un dije de cristal rojo en forma de corazón en ella y me dio un beso lleno de dulzura. La cadena de amor había llegado a mi otra vez.
Sentí mi corazón llenarse de una alegría que jamás había sentido. Todas las tristezas, todas las dudas, todos los temores se desvanecieron cuando David me entregó el corazón y me miró con sus ojos llenos de amor.
Hoy un año después, escribo esta carta desde la habitación de la casa de mis padres. Mi madre está buscando mi traje de novia. Me caso en tres horas con el hombre que me rescató, el que me entregó el corazón, el de cristal y el real.
David nunca me dijo de quien recibió el corazón ni porqué. Me dijo que era un secreto. Que lo importante era que él había sido rescatado y me rescató a mí.
No sé donde estará mi corazón de cristal. Seguí las reglas que me dio David y se lo di a una amiga que había perdido a su padre. También la rescaté.
Con esta carta solo quiero reafirmar que el amor si existe, y existe en una cantidad de formas infinitas. Desde la madre que busca el traje de novia a su hija hasta el extraño que regala un pedazo de pan. El amor existe, solo tenemos que abrir un poco nuestros ojos y nuestras almas.
Dicen que nada se esparce más rápido que un chisme, pero yo rebato esa teoría, hay algo que se esparce mucho más rápido y es el amor.

HELENA MORÁN-HAYES
Venezuela

Un millón de gracias a HELENA por participar y espero que más de ustedes se animen... 

9 comentarios:

  1. ¡Helena!
    Aquí estoy: disimulando mis ojos aguados en la oficina y con mis compañeras de trabajo preguntando ¿Te pasa algo?

    Esta más decir que me encantó.

    Un beso.

    ResponderEliminar
  2. A mi también me encantó. Helena es una de mis escritoras favoritas. Siempre logra crear excelentes escenas romanticas.

    Besos

    ResponderEliminar
  3. ¡Hermoso! Y mezcla muy bien el amor romántico con el amor en general. Me gustó mucho. Muy lindo. :) ¡Felicitaciones!

    ResponderEliminar
  4. Vaya que encanto de relato!!! me dejo una sonrisa enorme en la cara jejeje

    Muy bonito la verdad y muy bien logrados!! Felicidades!!

    Besos

    ResponderEliminar
  5. Gracias! Yo escribo por amor y eso es lo que trato de expresar en mis libros y cuentos. Y el mejor regalo es recibir respuestas como las de ustedes. Stefania, Andrea, Ariusk, gracias por los comentarios. Mariana, espero que las lagrimas sean de alegría :)
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  6. Un relato hermoso que nos enseña a tener esperanzas en el amor... un millón de gracias a Helena por participar y a todos ustedes por comentar...

    ResponderEliminar
  7. Precioso relato!!
    La esperanza nunca se pierde y siempre hay a nuestro alrededor personas que como ángeles nos tienden una mano en el momento justo. Solo hay que sabre abrir los ojos, como dices al final!!
    Felicitaciones!!

    Un placer leerte!!

    ResponderEliminar
  8. Gracias, Helena, por el mensaje positivo de tu texto: el amor, en todas sus variantes, existe.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  9. Hermoso relato, gracias por compartirlo!

    ResponderEliminar