domingo, 27 de septiembre de 2015

Confesiones en una tarde calurosa (N°1)



“El que no haya sentío la lealtá de un perro no ha vivío…” 

Esto se lo escuché decir a una viejita de más de ochenta años que camina por las calles de mi urbanización recogiendo hierbas que crecen en los brocales de las aceras. Le dicen “la loca”, solo porque acumula montes acompañada de varios perros. No sé de dónde saca dinero, una vez escuché que tiene hijos que la visitan una vez a la semana (vive sola, en una casa casi en ruinas), el asunto es que siempre compra velitas blancas en el abasto, para rezarle a sus santos, y paga con billetes de baja denominación. 

No sé si es por el calor que azota a mi ciudad por estos días, pero llegué a mi casa con el corazón encogido después de verla y escucharla. Me conmovió su andar solitario, junto a sus fieles perros, que nunca la dejan, y son capaces de atacar a quien se atreva a molestarla. 

En una ocasión, a un “ciudadano preocupado”, le dio por denunciar a los perros. Decía que eran peligrosos, solo porque uno de ellos intentó morder a su hijo (lástima que no lo hizo, es que nunca lo hacen, solo asustan con sus ladridos salvajes) cuando éste se acercó a la vieja para gritarle “loca” e intentar robarle la bolsita donde guarda sus hierbas (por una apuesta que había hecho con sus amigos). Los vecinos de la calle hablaron en favor del perro, y evitaron que se lo llevaran para sacrificarlo. 

Quizás algún día me anime a acercarme a ella, para conocer los cuentos que debe tener almacenados en su memoria, pero me han dicho que es tosca, no confía en nadie y hasta se pone violenta cuando le hablan. ¿Quién no? Después de sobrevivir toda una vida en soledad dudo que ahora sea fácil entablar una conversación con ella. Además, aunque esos perros son cariñosos (en ocasiones les he dejado comida frente a mi casa), no sé cómo reaccionaran si me acerco a la mujer. 

Lo más triste de toda esta historia es que casos como los de esa viejita abundan en el mundo entero. Dejamos de lado a nuestros viejos, a nuestro pasado y cultura, y nos volvemos cada vez más estúpidos. Los tratamos como estorbo, o una carga difícil de sobrellevar. ¿No les parece?

Perdonen mis desvaríos de este día, creo que es por culpa del calor. 

Gracias por leerme.

 

2 comentarios:

  1. Bueno más que por la calor es más bien por el corazón, ese que a veces nos impulsa a actos como ese que has relatado. Por lo que has descrito, puedo decir que por desgracia es cierto que es algo que existe en todo el mundo. Al igual que alguien cruel que intenta dañar a alguien que ni siquiera le ha hecho nada. Seguro que la anciana podría contar muchas historias sobre toda una vida, pero quizás como parece ser el caso, se marchará algún día a reunirse a los que en vida tanto recuerda con velas y rezos. Saludos!!!

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    1. Hola Adrián, gracias por comentar, realmente es un asunto desgarrador que afecta al mundo entero. Espero de alguna manera cambie, y para bien...

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