viernes, 19 de agosto de 2011

3 consejos para crear tu mundo de fantasía

El proceso creador es también la parte más terrible porque uno no sabe exactamente lo que va a suceder ni hacia dónde conduce. Hay que empezar con un espíritu de aventura, de descubrimiento, de creatividad, requiere una enorme seguridad interior. Uno se convierte en explorador, en un pionero que marca el camino. Abre nuevas posibilidades, nuevos territorios, nuevos continentes, y otros pueden seguirlo.
Stephen Covey




La literatura es el arte que utiliza como instrumento la palabra y por medio de la palabra los escritores pueden hacer realidad los sueños. Pero además de sueños pueden crear mundos, inundar un relato de lugares, tiempos y personajes que podrían formar parte o no de nuestra cotidianidad.

El escritor tiene licencia imaginativa para amoldar la realidad, de una manera coherente y creíble, transformándola en algo sublime, representando nuestros anhelos más profundos y alcanzando un mundo mejor.

En la literatura se pueden mezclar elementos fantásticos y fabulosos con el mundo real, quebrantando las barreras de lo posible, logrando un equilibrio, una atmósfera mágica que nos transporte a otro lugar o a otro momento dejándonos empapar por sus maravillas. Actualmente, podemos encontrar infinidad de escritores que explotan al máximo su creatividad para crear nuevos mundos, como el caso de JRR Tolkien, autor de las famosas novelas épicas El Señor de los Anillos, o JK Rowling, autora del mundo mágico de Harry Potter.

El mundo que creamos es una imagen producida en nuestras cabezas que llevamos al texto a través de la descripción. Para que el lector se adecúe a ella y pueda “visualizarla” a medida que lee, debemos describirla con el mayor de los cuidados, pero sin abrumarlo.
 

¿Cómo podemos lograr este objetivo?

1) Incluye no solo descripción física, sino también histórica o anecdótica.

Gandalf se internó entonces en las tierras que se abrían del otro lado del Rammas Echor. Así llamaban los hombres de Gondor al muro exterior que habían construido con tantos afanes, luego que Ithilien cayera bajo la sombra del enemigo. Corría unas diez leguas o más desde el pie de las montañas, y después de describir una curva retrocedía nuevamente para cercar los campos de Pelennor: campiñas hermosas y feraces recostadas en las lomas y terrazas que descendían hacia el lecho del Anduin. En el punto más alejado de la Gran Puerta de la Ciudad, al nordeste, el muro se alejaba cuatro leguas, y allí, desde una orilla hostil, dominaba los bajíos extensos que costeaban el río; y los hombres lo habían construido alto y resistente; pues en ese paraje, sobre un terraplén fortificado, el camino venía de los vados y de los puentes de Osgiliath y atravesaba una puerta custodiada por dos torres almenadas. En el punto más cercano, el muro se alzaba a poco más de una legua de la ciudad, al sudeste. Allí el Anduin, abrazando en una amplia curva las colinas de los Emyn Arnen al sur del Ithilien, giraba bruscamente hacia el oeste, y el muro exterior se elevaba a la orilla misma del río; y más abajo se extendían los muelles y embarcaderos del Harland destinados a las naves que remontan la corriente desde los feudos del Sur.

Las tierras cercadas por el muro eran ricas y estaban bien cultivadas: abundaban las huertas, las granjas con hornos de lúpulo y graneros, las dehesas y los establos, y muchos arroyos descendían en ondas a través de los prados verdes hacia el Anduin. Sin embargo eran pocos los agricultores y los criaderos de ganado que moraban en la región, pues la mayor parte de la gente de Gondor vivía dentro de los siete círculos de la Ciudad, o en los altos valles a lo largo de los flancos de la montaña, en Lossarnach, o más al sur en la esplendente Lebennin, la de los cinco ríos rápidos.

Aquí tenemos un fragmento tomado del libro 3 de “El Señor de los Anillos. El retorno del rey”, de J.R.R Tolkien. El autor nos muestra una imagen de lo que son las Minas Tirith, lugar donde se produce una de las más cruentas batallas en la novela. Tolkien se vale de la llegada de Gandalf a esa región para ir mostrando el escenario, no solo describiendo lo que se va encontrando palmo a palmo, sino algunos detalles extra que nos permite conocer además, la historia de la zona:

* Así llamaban los hombres de Gondor al muro exterior que habían construido con tantos afanes, luego que Ithilien cayera bajo la sombra del enemigo.
* Sin embargo eran pocos los agricultores y los criaderos de ganado que moraban en la región, pues la mayor parte de la gente de Gondor vivía dentro de los siete círculos de la Ciudad…

El autor mezcla comentarios propios y parte de la historia, con la descripción física del lugar. Eso permite conocer el espacio de forma integral. No solo su aspecto, sino sus orígenes y formas de vida.

2) Mantén una relación con la realidad.

En un agujero en el suelo, vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad.

Tenía una puerta redonda, perfecta como un ojo de buey, pintada de verde, con una manilla de bronce dorada y brillante, justo en el medio. La puerta se abría a un vestíbulo cilíndrico, como un túnel: un túnel muy cómodo, sin humos, con paredes revestidas de madera y suelos enlosados y alfombrados, provisto de sillas barnizadas, y montones y montones de perchas para sombreros y abrigos; el hobbit era aficionado a las visitas. El túnel se extendía serpeando, y penetraba bastante, pero no directamente, en la ladera de la colina —La Colina, como la llamaba toda la gente de muchas millas alrededor—, y muchas puertecitas redondas se abrían en él, primero a un lado y luego al otro. Nada de subir escaleras para el hobbit: dormitorios, cuartos de baño, bodegas, despensas (muchas), armarios (habitaciones enteras dedicadas a ropa), cocinas. Comedores, se encontraban en la misma planta, y en verdad en el mismo pasillo. Las mejores habitaciones estaban todas a la izquierda de la puerta principal, pues eran las únicas que tenían ventanas, ventanas redondas, profundamente excavadas, que miraban al jardín y los prados de más allá, camino del río.

Seguimos con Tolkien y su obra “El señor de los anillo”, aquí se nos describe la casa de Bilbo Bolsón, el hobbit. A simple vista es una casa común como cualquier otra, con puerta de entrada que abre igual a las reales, vestíbulo, paredes revestidas de madera, suelo enlosado, sillas, perchas para abrigos, dormitorios, baño, bodega, despensa, armarios… en fin, cosas comunes que podemos hallar en cualquier casa, solo que con algunas excentricidades, como puertas, ventanas y pasillos redondos, entre otras.

Es fácil para el lector visualizar este escenario. Posee un toque de excentricidad que lo relaciona con el estilo fantasioso de la novela, y un toque de realidad. De esa manera el lector no se pierde, manteniéndose enganchado a la lectura.

3) Utiliza el “espacio psicológico”.

Salieron por fin de las tinieblas de piedra y miraron alrededor. Se encontraban en una ancha plataforma de roca lisa sin antepecho ni pretil. A la derecha, en el este, el torrente caía en cascadas sobre numerosas terrazas, y descendiendo en brusca y vertiginosa carrera, con la oscura fuerza del agua, y cuajado de espuma, iba a verterse en un lecho; por fin, rizándose y arremolinándose casi sobre la plataforma, se precipitaba por encima de la arista que se abría a la derecha.  Un hombre estaba allí de pie, cerca de la orilla, en silencio, mirando hacia abajo.

Frodo se volvió a contemplar las cintas de agua aterciopelado, que se curvaban y desaparecían.  Luego alzó los ojos y miró en lontananza. El mundo estaba silencioso y frío, como si el alba se acercase. A lo lejos, en el poniente, la luna llena se hundía redonda y blanca.  Unas brumas pálidas relucían en el valle ancho de allá abajo: un vasto abismo de vapores de plata, bajo los que fluían las aguas nocturnas y frescas del Anduin.  Y más allá una tiniebla negra y amenazante, en la que rutilaban de tanto en tanto, fríos, afilados, remotos y blancos como colmillos fantasmales, los picos de Ered Nimrais, las Montañas Blancas de Gondor, coronadas de nieves eternas.

Frodo permaneció un momento sobre la alta piedra, preguntándose con un estremecimiento si en algún lugar de esas vastas tierras nocturnas caminarían aún sus antiguos compañeros, o dormirían, o si yacerían muertos envueltos en sudarios de niebla. ¿Por qué lo habían traído aquí arrancándolo del olvido del sueño?

En este fragmento de “El señor de los anillos”, Frodo está frente a las montañas de Gondor, observando el paisaje. Aquí el autor mezcló la descripción del paisaje con ciertos elementos psicológicos que muestran los sentimientos del personaje:

* Compara el alba con un momento silencioso y frío (desaliento y cansancio).
* La niebla la describe como negra y amenazante (miedo y angustia).
* Los picos nevados de las montañas los describe como fríos, afilados, remotos y “blancos como colmillos fantasmales” (temores y preocupaciones).

Tomando en cuenta estos tres consejos, lograrás crear ambientes ficticios llenos de realidad, con los que el lector fácilmente se podrá identificar.

¿Tienes algún otro consejo qué agregar a esta lista?



Gracias por leerme.



3 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Hola, Jonaira.

    He leído el tercer capítulo de "Mi dulce vendaval de la sabana" y me has dejado con ganas de más.

    Te cuento que esa sopa de tomate con la ensaladita despertó mi paladar ¡delicioso! y hasta el suculento olor he imaginado.

    Ricardo, un hombre sin límites, sus ocurrencias me hacen reír.
    Prudencia, un personaje que no puede faltar. Ah! y el nombre cuidadosamente elegido. :D
    Los personajes principales hacen la combinación perfecta para una muy buena historia.

    Espero pronto leer más.

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  3. Hola Sianny, gracias por tus comentarios, me emociona que te encanten los personajes y la trama, esa historia la escribí con mucho cariño y disfrute un montón narrandola.

    Pronto publicaré más capítulos.

    Seguiremos en contacto.
    Jonaira

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