viernes, 27 de abril de 2012

La novela romántica en Latinoamérica

El Romanticismo, como corriente literaria, se inicia en Europa a finales del siglo XVIII y luego se extiende por el resto del mundo. En Latinoamérica se dice que comenzó en 1816 cuando José Joaquín Fernández de Lizardi publicó en México su novela El Periquillo Sarniento, obra que narra las venturas y desventuras, vida y muerte de un personaje pintoresco de origen popular.

A diferencia de la novela romántica europea, la latinoamericana se identificó por:

“…revalorar el pasado prehispánico, luchar contra la esclavitud, y sobre todo dar a conocer los usos y costumbres populares, sustentados en hechos heroicos, como una forma de crear conciencia nacional.” Amelia Villanueva Ramírez

Lo que más la caracteriza es:

* Temática: Cargada de realidad social o política. Sentimientos de independencia o reformación, con una búsqueda constante de la identidad perdida.

* Personajes: O son muy perversos o muy inocentes, con identidades ocultas que se desvelan casi al final de la historia.

* Estructura: El desarrollo está ceñido a la postergación, los hechos se interrumpen con otras situaciones que alargan la trama. Por ejemplo: un personaje está en busca de un objeto, el camino entre él y el artículo se inunda de una gran diversidad de conflictos que deben ser sorteados para alcanzar su meta. Pero sobre todas las cosas prima el idilio. La referencia principal es cómo se alcanza ese idilio, qué lo rompe y cómo se recupera, hasta alcanzar la base de la novela romántica: “el felices por siempre”.

* Elementos: Hay muchos sentimientos perdurables, nostalgia, amores imposibles, pasiones trágicas, fuerzas emotivas que controlan la vitalidad de un personaje. Se habla del amor, de la muerte, del destino que une y desune. 

* Escenario: Se presenta a la naturaleza como símbolo de libertad y de lo grandioso. El ambiente casi siempre está acorde con el estado de ánimo de los personajes. Y se ensalzan ciertas tradiciones o costumbres de la región que inspira la trama, así como sentimientos religiosos o humanistas de los actores que afectan los giros del argumento. 

Autores como José Mármol, Esteban Echevarría, Domingo F. Sarmiento, Ricardo Palma, Jorge Isaac, o mujeres como Teresa de la Parra, fueron afianzando el género con sus obras. El colombiano Jorge Isaac en 1867 logró que su novela María, inspirada en una trágica historia de amor, se convirtiera en una de las novelas más leídas en Latinoamérica, e influyera en el resto de la literatura romántica generada a partir de ese momento.

Mientras en Latinoamérica se presentaba un tipo de novela romántica con toques liberadores e independentistas, en Europa comenzaba a hacerse popular historias con un romance más “rosa”. Relatos novelescos basados en personajes y ambientes muy convencionales, en el cual se narran las vicisitudes de dos enamorados, cuyo amor triunfa frente a la adversidad. En 1740 el británico Samuel Richardson publica Pamela, historia de una joven doncella, bella y virtuosa, que consigue reformar al héroe libertino y casarse con él, ascendiendo así en la escala social. En 1813 Jane Austen mostró su obra Orgullo y Prejuicio, una comedia romántica que narra las crisis y los aprendizajes de una pareja que debe superar los complejos sociales antes de alcanzar el amor. A las obras de Austen le siguieron otras grandes historias de amor enmarcadas en el mismo género, como el de las hermanas Brontë.

Fue ese estilo de novela romántica “rosa” el que influyó en las historias creadas en el siglo XX. Época en que se produjeron producciones literarias que gustaron en el público por su frescura y cotidianidad, transformándose casi enseguida en super ventas. En España su mayor exponente fue Corín Tellado, una autora que eliminó un poco el ambiente histórico y exótico que normalmente poseía la novela romántica, inculcándole parajes conocidos y actuales, con personajes que fácilmente podían ser identificables por los lectores. Pero además, le agregó a sus obras ciertas dosis de erotismo y dramatismo que las hicieron adictivas.

Para finales del siglo, el género se desarrolló con mayor intensidad en Estados Unidos y Gran Bretaña. Las autoras anglosajonas como Victoria Holt, Danielle Steel, Nora Roberts, Diana Palmer, Johanna Lindsey, Jude Deveraux y Karen Robards, entre muchas otras. Afianzaron el género creando innumerables obras de estructura sencilla, centradas en el amor romántico de una pareja protagónica, y con un final positivo. Aún ese estilo se conserva, siendo imitado por miles de autoras y autores, quienes no solo juegan con el tiempo y el espacio, con la fantasía o la realidad para contar sus historias, sino que además, le agregan diversos niveles de erotismo para hacerla más atractiva.

Volviendo a Latinoamérica, una de las exponentes de ese oleada de novela romántica ha sido la chilena Isabel Allende, quien en 1985 inició con De amor y de sombra su incursión en el género. Para muchos críticos sus historias son entretenidas, capaces de atraer tanto a públicos masivos como a lectores exigentes. Juega con el humor, pero también suele incluir mucha documentación histórica en ellas, basándose siempre en el realismo.

Una exponente más actual es la argentina Florencia Bonelli, quien ha logrado un gran éxito con sus historias intensas, llenas de pasión y cotidianidad. Escritas para un público romántico, que busca finales felices y una narrativa descomplicada.

La novela romántica escrita por latinoamericanos, aunque esté muy influenciada por la literatura europea y anglosajona, no pierde su toque mágico propio. Es una literatura de evasión, positiva, capaz de transportarnos a sus mundos imaginarios pero impregnados de mucha realidad. Un tipo de literatura que aún está en desarrollo y cambia con los tiempos y las costumbres. Aunque jamás dejará de hacernos soñar.

Gracias por leerme.


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