jueves, 11 de agosto de 2011

4 maneras para el escritor de ejercitar la imaginación


No hay nada como imaginar para crear futuro, ya que lo que hoy es utopía será carne y sangre mañana.
Julio Verne


La creatividad, es una capacidad propia de los seres humanos. Todos la poseemos, sólo tenemos que estimularla para poder desarrollarla y mejorarla. Con ella logramos CREAR, producir cosas nuevas y valiosas, transformar nuestro entorno y resolver cualquier tipo de situación, permitiendo que nuestra inteligencia personal mejore.

El escritor vive gracias a su creatividad, ella es quien le permite producir sus obras. Pero para ello, tiene que permitirse vivir entre dos mundos, el real y el imaginario.

La imaginación es una de herramienta clave para desarrollar la creatividad y uno de los mejores momentos que tenemos para hacer volar la imaginación es durante el descanso. Y no sólo hablo del hecho de dormir, sino el hecho de sentarse por algunos minutos a pensar, a dejarse arrastrar por mundos y personajes que no forman parte de nuestro día a día. Es en esos momentos de letargo cuando es posible que las imágenes surgidas se traduzcan en ideas originales, ya que el inconsciente se manifiesta con más facilidad, pues los bloqueos existentes en la consciencia desaparecen y las ensoñaciones aparecidas pueden ser el principio de una gran historia.

Sin embargo, con la agitación de la vida actual no siempre contamos con un tiempo suficiente para generar ideas. Las pocas horas libres las queremos dedicar a escribir. Entonces, ¿cómo podemos aprovechar al máximo esos pequeños instantes que se nos otorgan para desarrollar ideas? ¿Cómo podemos sacarle el mayor provecho a las que ya tenemos rondando nuestra cabeza?


1) Déjelas por escrito. Las ideas son fugaces y pueden mutar con el tiempo. Escríbelas en algún cuaderno dedicado solo a eso, no importa que lo haga de forma desordenada pero hágalo. Más adelante, cuando se sienta bloqueado, cansado y falto de imaginación, léalas. Eso lo ayudará a despertar de nuevo la inventiva.

2) Atrévase a cambiarlas. Si un día se le ocurrió que podía nacer una buena historia de una mujer que, sembrando una rosa, halló un cofre oculto en su jardín lleno de dinero con el que pudo hacer su sueño realidad, atrévase a transformar esa idea de varias maneras. ¿Si en vez de un cofre lleno de dinero fuera un diario con un secreto importante para la humanidad, o para una familia en específico? ¿Qué pasaría si es un amuleto poderoso? ¿O la mano mutilada de un niño? No importa lo absurdo que sea. Cada vez que transformas tu propia idea puedes crear historias completamente diferentes, que pueden ayudarte a crear no una, sino varias novelas o cuentos. O tal vez escenas que puedas incluir en alguna otra historia.

3) No te encierres. Dale mayor poder de amplitud a esa idea. Déjala volar. Diana Gabaldon una vez dijo que su famosa saga “Forastera” nació de una imagen que vio un día en televisión, cuando televisaron en un capítulo de "Dr Who" a un escocés que viajaba en el tiempo a la Escocia de 1745 y llevaba puesto un kilt (falda escocesa para hombres). La imagen le pareció atractiva, así que se aventuró a mezclar sus vastos conocimientos como investigadora y diseñó una novela llena de historia, acción, aventuras, romance, conocimientos sobre botánica, enfermería, tácticas de guerra, y un toque de ciencia ficción. Finalmente construyó una historia compleja, difícil de etiquetar, pero tan bien fundamentada y narrada que se ha transformado en un gran éxito literario llevado a la televisión, capaz de abarcar a lectores diversos.

4) Varía tu entorno y tus conocimientos. Un autor que solo lee un género en específico, escribe siempre de una misma manera y siempre lo mismo, con el tiempo se puede tornar aburrido, incluso, para él mismo. Las ideas se secan, pierden valor y termina copiándose de sus propias creaciones, o de las de otro. La monotonía es dañina para todo tipo de actividad. Por eso, aventúrate a leer otros géneros o ver películas que jamás pensaste ver. Relaciónate con gente diversa, que puedan enseñarte cosas diferentes. Experimenta con los géneros o los puntos de vista. Cambia de vez en cuando el escritorio donde escribes o tu rutina de escritura. Muchas veces, un pequeño cambio, ayuda a refrescar la mente y nos permite pensar de forma distinta o con más imaginación.

La imaginación es como los músculos del cuerpo, si no la ejercitas no funciona a la perfección. Dale de vez en cuando ciertas libertades, y verás como lograrás que trabaje sin parar.

¿Qué opinas del artículo? ¿Es útil?

Gracias por leerme.


1 comentario:

  1. Hola, JJ.

    Me ha enganchado "Mi dulce vendaval de la sabana". No hay duda que tu historia tendrá muy buena acogida por todas las fieles lectoras del género romántico.

    Besos

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