martes, 20 de diciembre de 2011

El erotismo en la novela romántica

Lo que indiscutiblemente identifica a la novela romántica es la forma en que se refleja el amor que nace y crece en una pareja y supera todas las dificultades hasta terminar en un final feliz. Pero debemos tener en cuenta que una de las cualidades que atraen de su lectura es la capacidad de despertar emociones. Las lectoras de romántica buscan identificarse con el personaje, sentir lo que ellos sienten, experimentar en sus pieles las alegrías, tristezas, los amores y las desilusiones que les toca vivir.

Existe una amplia variedad de herramientas que le permiten al escritor de romántica desarrollar personajes y acciones que aviven las emociones del lector. Las más utilizadas son la tensión sexual, el juego de seducción y las escenas eróticas.

Una novela romántica puede tener tan solo una de esas herramientas, un poco de cada una, o mucho de todas. Eso depende del tipo de público al que se dirija la obra o lo qué requiera la trama.

La novela erótica está dirigida a un público adulto. Allí el centro son las sensaciones y acciones de los personajes hacia el sexo. Hablan más de la atracción física, de cómo la pareja rompe sus tabúes y complejos para alcanzar la libertad sexual, que a la final podría llevarlos o no al amor. El romance aquí no es indispensable. Si el romance posee la misma importancia que la parte sexual, entonces hablaríamos de una novela de romance erótico.

La novela romántica es un poco diferente. Ella pudiera estar dirigida a un público juvenil (sin abordar las escenas de sexo) o a un público adulto. Aunque ahora existe lo que se conoce como New Adult, que son novelas centradas en personajes jóvenes, pero donde se puede abordar el sexo (es un tipo de novela para una juventud de 16 a 25 años). La novela romántica aborda el tema del amor con más profundidad, y cómo se protege ese sentimiento frente a las realidades de la vida. Las emociones van de la mano con la atracción física, con la tensión que se pueda generar al no obtener lo que se desea y con el juego de enamorar al otro. En ella el sexo es solo el culmen de la pasión que alcanza la pareja, la consumación final o el último lazo que los atará definitivamente.

Una novela romántica, tenga o no tenga sexo, sí posee mucha atracción sexual. Los gustos físicos, las caricias, besos voraces, abrazos desmedidos, etc., son elementos que habitualmente están inmersos en ella. Ese contacto íntimo de los personajes son las escenas que más gustan a las lectoras. Sin embargo, no todos los autores saben manejarlas. O lo hacen con mucha timidez, o exageran hasta el punto de resultar desagradables.

Entonces, ¿cómo podríamos manejar este tipo de escenas sin sentirnos incómodos escribiéndolas? ¿O sin resultar repulsivos?

KAROL SCANDIU es una autora española que hace algunos años sacó al mercado la obra ERÓTIKA, un compendio de relatos de romance erótico que ha gustado muchísimo entre los lectores. Nos narra la historia de cuatro mujeres marcadas por diversos pasados, que se enfrentan a sus destinos con valentía, buscando en sus parejas el equilibrio perfecto para vivir en armonía.
 
KAROL me ha concedido una pequeña entrevista con la que pretendo ayudarlos a comprender un poco más el efecto del erotismo en la lectura, y nos aportará algunos tips para utilizarlo con sabiduría en nuestros escritos.

¿Cómo podemos diferenciar una escena sensual de una erótica?

K: Ante todo, gracias por permitir que sea parte de esta hermosa entrada. Es un honor para mí que me hayas elegido, y que mi opinión y amor a literatura, pueda llegar a ser un punto a tener en cuenta para tantos lectores y autores que podrán hacer uso de lo que pueda aportar.

Creo que sobre todo la diferencia entre las escenas sensuales y eróticas se encuentra en el vocabulario utilizado, o más bien, en las formas y adjetivos a la hora de describir determinados actos y, por ejemplo, partes de la anatomía del cuerpo de los protagonistas.

Las escenas sensuales, al menos así lo siento a la hora de escribirlas, son un conjunto de sensaciones, pensamientos y deseos que pueden desarrollarse acompañados de aromas, de lo que ven los ojos, de las descripciones de lo que siente y vive el personaje, incluso, llegando a describir el acto sexual sin profundizar en demasía en este.

En el caso de las escenas eróticas, yo personalmente, hago una mezcla de ambas, sensual y erótica; utilizo las mismas herramientas antes mentadas pero de un modo más explícito y carnal, en cual el acto sexual en sí cobra fuerza y protagonismo. Eso sí, intento que aunque “llame las cosas por su nombre”, el entorno y la situación no lo permite convertirse en vulgar, pero sí, erótico.

¿Qué tipo de lenguaje se debe utilizar para que no resulten desagradables al lector?

K: Al igual que dije antes, el vulgarizar una escena no depende de las palabras utilizadas, sino, del conjunto de frases que se forman con ellas y del contexto de la historia, el trasfondo del relato o novela.

Una misma escena puede convertirse en vulgar si al transmitirla al lector, no vas más allá del acto sexual y del: carne contra piel. Allí es donde entra lo que decía antes: mezclar ambos conceptos, la sensualidad y el erotismo en un mismo acto, y poder así ser explícito sin vulgarizarlo necesariamente.

¿En qué momentos de la novela deberíamos comenzar a hablar de atracción física? ¿Y en qué medida durante la obra?

K: Eso es muy relativo y depende de cada obra y autor.

En mi caso en particular, la colección de ErótiKa trata de relatos cortos, de entre 50 y 60 páginas cada uno, en los cuales, la base fundamente no es el sexo, sino, un complemento para las parejas protagonistas. ¿No es el momento entre cuatro paredes el más íntimo entre dos personas? ¿Cuándo nos entregamos y olvidamos todo lo demás, miedos, dudas?

En mi caso, con esta extensión, los relatos contienen de dos a tres escenas. La primera, ese encuentro, ese despertar; una segunda que sería un más allá, la confianza, el afianzarse; y una escena final, el apogeo de todo ello, la culmen del “final feliz”, por decirlo de alguna manera.

Pero si nos encontramos por ejemplo con relatos cortos cuya intensión es tan solo hablar de un acontecimiento, un encuentro sexual en concreto, eso no tiene porque ser más o menos atractivo o correcto. Pienso que cada obra ha de contener lo que el autor crea y sienta cómo correcto.

¿Qué elementos podemos manejar cuando queremos expresar una fuerte atracción física entre una pareja?

K: El entorno, los colores, los aromas... todo ello puede ser importante. ¿Quién no ha oído alguna vez: ese perfume que recuerda a “él”?

Jugar con ello, las texturas, lo que los ojos de los protagonistas captan y lo que lo hacen sentir, creo que eso lo potencia todo.

¿Cómo podemos crear tensión sexual?

K: Hay diferentes tipos de tensiones; en el caso de ErótiKa, a lo largo de los 4 relatos que componen este primer volumen, son situaciones muy diferentes y con distintas clases de tensiones que derivan en una pasión o acto sexual.

Hablando un poco, y sin spoilers^^, en el primer relato, “PeKado”, vemos una pareja de edades muy distintas, un hombre maduro enamorado de una muchacha joven, y ella de un hombre mayor. Todo ello creó una clase de tensión muy diferente a, por ejemplo, el tercer relato de la obra, “MarKada”, en la cual un mujeriego empedernido, se ve atrapado por una muchacha tímida, callada y solitaria. La atracción entre ellos es distinta, la tensión que se crea, el “te deseo tanto, pero temo tocarte” que hace ir en aumento el deseo, difiere mucho de la primera situación en la que “lo prohibido me fascina”, lo hace todo tan picante.

Pero, en ambos casos, utilizo un mismo recurso para crear esta tensión, que no es más que el utilizar todos los elementos que rodean a los protagonistas, sus deseos más profundos, la personalidad de cada uno, y encajarles para de algún modo, “hacerlo estallar” ^^.

Un millón de gracias a KAROL SCANDIÚ por haberme concedido esta entrevista y por haber aportado estos tips tan interesantes.

Para dar una conclusión a la entrada podemos definir qué:

1) El autor debe determinar a qué tipo de público va dirigida la novela. Eso lo ayudará a determinar si la obra requiere de mucha o poca sensualidad.

2) Formarse un nutrido vocabulario. Para ello lo ideal es leer mucho, sobre todo, este tipo de novelas. La idea no es copiar las frases o palabras de otros, sino tener una base para saber diferenciar qué palabras son más efectivas y cuáles resultan chocantes para el lector, incluso, en qué grado utilizarlas. Existen escenas ardientes y otras más tiernas. Cada una utiliza un tipo de vocabulario diferente.

3) Determinar los momentos y medios que propiciaran la atracción de los personajes.

4) Determinar los elementos que crearán la tensión sexual entre ellos.

El autor es quien finalmente decidirá qué cantidad de tensión sexual o erotismo puede aplicar en su obra, pero no está de más aprender un poco sobre un tema.

Si quieren conocer más sobre KAROL SACANDIÚ pueden visitar su blog oficial.

Gracias por leerme.


9 comentarios:

  1. El honor ha sido el mío de poder participar y aportar algo a este mundo tan hermoso que es la escritura erótica:D

    Gracias una vez más, querida^^ Y aquí estaré para lo que necesites:D

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  2. Karol hace que parezca hasta fácil. Yo lo llevo fatal para escribir escenas de ese tipo

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  3. buen post y muy interesante, a mi la erotica me encanta si está bien narrada es un género maravilloso

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  4. Muy buen entrevista, muy interesante la óptica de Karol a la hora de escribir; por algo nos gustan tanto sus historias!!
    Felicitaciones Jonaira, me encantó!!

    Besos!!

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  5. Trataré de aplicar los consejos de Karol.

    Una muy bonita entrevista.

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  6. Te felicito, Jonaira, el post es de gran utilidad para aquellos autores que desean pulirse un poco en esa temática entre ella:yo). Muy buenos consejos por parte de Karol Scandiu.
    Saludos y un abrazo a las dos.
    :)

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  7. Excelente post, a mí me encanta mezclar lo romántico y lo erótico, y, aunque me guste escribirlo, a veces es incómodo leerlo, al menos para mí, ¿es normal esto? Porque si lo escribo, no debería avergonzarme.. ¿Algún consejo para esto?
    Saludos desde Venezuela

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    1. Es normal avergonzarse, más aún cuando no es habitual. Una sensación que se pierde con la práctica.

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