jueves, 25 de junio de 2015

Reseña: GEORGE OWELL - 1984 (Narrativa distópica)

Hace alguna semana leí 1984, sentía mucha curiosidad por el libro y por el tema que trataba. Confieso que fue un poco pesada su lectura, ya que contiene mucha narrativa y descripciones, parece más un ensayo que ficción, pero me sorprendió notar que la visión “futurista” de la sociedad que Orwell diseñó después de la primera guerra mundial, por allá en los años de 1945 al 49, no está muy alejada de la realidad actual.

Según las biografías del autor, años después de publicar Rebelión en la granja (fábula acerca de unos animales que despojan al propietario de una granja y se lanzan a la autogesión, donde se puede adivinar la parodia definitiva del comunismo estalinista), enfermó de tuberculosis. Durante el empeoramiento de su enfermedad y su desilusión por la vida a causa de los problemas políticos y personales por los que atravesaba, escribió 1984. Esta novela fue publicada en 1949, época en la que el autor entra en la fase terminal de su enfermedad, muriendo un año después. Es por esto que algunos biógrafos definen a esta novela como el “testamento literario” de Orwel, la distopía más célebre de las que se han escrito hasta la fecha.

Me encantó la forma en que el autor nos presentó al personaje principal, Winston Smith, un funcionario del Departamento de Registro del Ministerio de la Verdad, que irónicamente es el organismo encargado de falsear la realidad y manipular la opinión pública. Durante toda la novela paseamos por la vida de este personaje, su día a día, su pasado, presente y futuro.

A través de él conocimos el “mundo” que el autor creó para desarrollar la historia, un planeta manejado por tres superpotencias: Oceanía (que integra América, Australia, Gran Bretaña y el sur de África), Eurasia (Unión Soviética y el resto de Europa) y Asia Oriental (China, Japón e Indochina), quienes viven en con constantes guerras por el poder y por el territorio. Winston se encuentra en la Gran Bretaña de Oceanía, un país en ruinas, marcado por definidas clases sociales y dirigido por un líder a quien nadie ve, pero que vigila y controla la existencia de cada ciudadano: El Gran Hermano (figura idealizada a través de unos afiches y pinturas que recorren la ciudad con el rostro de un hombre que posee unos ojos acechantes).

A pesar de formar parte del Partido que lidera a Oceanía, Winston no pertenece a la élite sino a los niveles más bajos de esa clase social (la partidista). No goza de lujos, sino que vive en medio de carencias y regulaciones, aunque no a un nivel tan bajo como los pobres que forman parte de la prole, la clase más baja. Él tiene acceso a algunos beneficios por ser parte del Partido, pero en perenne vigilancia. No tiene vida privada. El Gran Hermano controla incluso los pensamientos de sus seguidores, gracias al estudio de los gestos y las miradas de sus seguidores. Cuando notan algo sospechoso, esa persona simplemente desaparece de la faz de la tierra. Y nadie puede hacer preguntas, o sufrirá un futuro igual.

Winston ha aprendido a controlar sus emociones para que las “telepantallas” que lo vigilan, no descubran que comienza a sentir rechazo por su forma de vida. Siente que su trabajo carece de sentido y su curiosidad por la verdad despierta.

La novela está basada en las peripecias que este personaje debe realizar para encontrar su lugar en el mundo, para hallar la verdad, experimentar de nuevo el amor y la pasión, recobrar la confianza en la humanidad, y sobre todo, descubrir si el Gran Hermano realmente existe o es una estrategia de una élite para manipular a la población. Entre sus aventuras termina aliado con unas personas a las que cree parte de un grupo opositor, que trabajan en la clandestinidad, pero a quienes como al Gran Hermano, nadie ha visto. Solo se conocen leyendas y noticias de odio que el Partido les hace llegar, y que pudieran ser otra estrategia más de manipulación al pueblo.

La intriga abunda durante todo el texto. Es difícil predecir algo porque el autor llena la novela de giros que echan por tierra cualquier teoría. Eso fue lo que me mantuvo enganchada a la lectura. No podía seguir viviendo sin saber qué era verdad y qué era mentira en esa historia.

El final, ni se los cuento. Muchas emociones me despertó: rabia, sorpresa, frustración, decepción. No porque fuera malo, sino por lo inesperado.

Es una historia bastante interesante y muy actual. Aunque a muchos les parezca una imagen del mundo algo exagerada, o quizás, fantasiosa, se sorprenderán al saber que la realidad no está muy alejada de la presentada en esa obra. Solo espero, que el final de este mundo no sea igual, ni parecido, al expuesto en la novela.

Una lectura recomendable.

Gracias por leerme.


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