lunes, 15 de junio de 2015

El arte de contar historias en Las mil noches y una noche, de Vargas Llosa

Título: LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE
Autor: Mario Vargas Llosa
Editorial: Alfaragua

A mis manos llegó este libro que me leí en una sola tarde, y no solo me encantó la versión moderna que Vargas Llosa hizo del antiguo cuento de “Las mil y una noches”, sino que quedé prendada de su prólogo.

En lo personal, me encantan las obras que poseen introducciones o prólogos, ya sean escritas por el propio autor o por otra persona. Se aprende mucho de ellos. En ocasiones desarrollan algún aspecto de la trama, de la ambientación, la época histórica o el estilo de escritura utilizado. En el caso de Las mil noches y una noche, el prólogo fue escrito por el propio Vargas Llosa y lo tituló “Contar cuentos”. Allí nos da una visión personal sobre lo que significa el oficio del narrador, comparado con lo ocurrido a Sherezada, la protagonista de la historia principal.

Como es sabido, “Las mil y una noches” es un “relato enmarcado” (un cuento principal que encierra otros relatos). Existe una historia central que cuenta como el Sultán Sahrigar fue engañado por su esposa y cómo él descubre a otros hombres que también sufrieron crueles engaños, entre ellos, su propio hermano y un genio maléfico. Enfadado por esa situación decide tomar cartas en el asunto y castigar a todas las mujeres del reino, a quienes considera traidoras. A diario se casa con una diferente y en la noche de bodas, las decapita. Tenía mucho tiempo llevando a cabo esa estrategia hasta que Sherezada, la hija del visir encargado de llevarle mujeres al Rey, se ofrece por voluntad propia a casarse con el hombre, asegurando tener un plan para hacerlo cambiar de parecer.

Es así como esta heroína termina en las habitaciones del Sultán, esperando la muerte. Sin embargo, antes de que el Rey logre su cometido, ella le pide que primero escuche uno de sus cuentos, una historia bastante entretenida, llena de aventuras, emociones y misterios, que es capaz de durar hasta el alba, momento en el que Sherezada decide interrumpir la narración por ser la hora de la ejecución. Pero Sahrigar queda tan intrigado con los sucesos que ella narró que no es capaz de deshacerse de la mujer hasta no conocer el final de la historia, así que suspende la ejecución y le ordena a su esposa presentarse en sus habitaciones la noche siguiente para que siga narrándole los hechos.

De esta manera Sherezada logra sobrevivir por mil noches y una noche, contando historias; incluso, durante esas jornadas, tiene intimidad con el Sultán, dándole dos hijos. Cuando finalmente termina la larga narración Sahrigar es otra persona. El tiempo compartido con su esposa y las emociones vividas con los cuentos, así como todos los aprendizajes alcanzados, lo hacen pensar de otra manera. Perdona la vida de su mujer y vuelve a ser el mismo Rey justo, sabio y generoso que había sido en el pasado, finalizando el extenso relato con un final feliz.

Esa hazaña Vargas Llosa la alaba en el prólogo de su libro, asegurando que explica la razón de la ficción en la vida de los seres humanos. Es para Sherezada una cuestión de vida o muerte contar historias. Si su verdugo se aburre o desinteresa ella muere. Ese peligro mortal agudiza su fantasía y perfecciona su método, logrando transformar hechos ficticios en reales, que sean capaces de conmover y transformar el corazón herido de su oyente.

Tanto impacto crearon en Sahrigar los cuentos de su esposa, que al final no solo la deja con vida, sino que pide perdón, arrepentido de corazón por los crímenes cometidos.

Vargas Llosa alude que “contar cuentos” no es solo un oficio ejercido para distraer a una audiencia, sino un arte que debe poner en práctica habilidades narratorias (elocución, silencios, gestos y ademanes) para lograr que esas mentiras inventadas para entretener, sean transformadas en verdades reales, capaces de tocar sentimientos en el oyente.

Se dice que los relatos incluidos en las diversas versiones de “Las mil y una noches”, fueron historias orales que nacieron en distintas culturas durante los primeros tiempos de la humanidad, cuando los humanos comenzaron a reunirse en comunidades para defenderse mejor de las fieras, de las inclemencias del tiempo o del enemigo, e incluso, para asegurarse sustento. En esas épocas necesitaban mantenerse despiertos y alertas, llenos de esperanzas y alegría, así el valor no se les extinguía. Allí, el “contador de historias” era el chamán, el vidente o iluminado, alguna persona con poderes místicos a quien los oyentes respetaban y temían.

Sherezada necesitaba ser vista de esa manera. Si fallaba, moría, por eso agudizó su inteligencia y ofreció lo mejor de sí a la audiencia con la que contaba. Debía lograr que ésta la respetara y necesitara tanto de ella, hasta el punto de que su verdugo decidiera dejar atrás sus macabros planes para disfrutar de lo que la mujer le brindaba. Demostrándole que no todas eran iguales y merecían el perdón.

El suspenso fue la principal arma con que las antiguas civilizaciones y la propia Sherezada se valieron para sobrevivir. Manteniendo al filo a sus oyentes lograron captar su completa atención, para meter dentro de sus cabezas la información necesaria que afectara sus emociones. Técnicas que los actuales “contadores de historias” no podemos dejar de lado. ¿Cómo incluir suspenso en una historia? En el blog hallarán varios artículos al respecto, los invito a visitar la sección “Para escritores”.

Espero que la información les haya servido de algo. Gracias por leerme. 


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