DIME QUE TODO ESTARÁ BIEN. Precuela... pronto.



Hola, gracias por leer los primeros capítulos de DIME QUE TODO ESTARÁ BIEN. Esta novela ha significado un gran trabajo para mí, tanto a nivel literario como emocional. Sus personajes fueron un reto, aunque ya había tocado en obras anteriores el tema del acoso escolar, en esta lo ahondé más y mostré con mayor crudeza sus consecuencias.

Pero además, por primera vez me atreví a trabajar con un personaje con una condición especial, como es Dominic que de niño fue diagnosticado con TDA–H, y tuve más personajes LGTBI. En otras novelas he incluido a personajes gay o lesbianas, aunque aparecían poco porque temía tratarlos de forma incorrecta, en DIME QUE TODO ESTARÁ BIEN me aventuré a darles más protagonismo. Entre ellos, Dominic y Britany, que son bisexuales y por culpa de ello son tratados con desprecio por familiares y amigos.

En pocos días les traeré una historia previa a DIME QUE TODO ESTARÁ BIEN, donde conocerán un poco más de Dominic y de Dylan, dos chicos que me robaron el corazón. Con ese relato entenderán mejor lo sucedido entre ellos en el pasado que desató los conflictos en la novela. Esa historia la publicaré completa en esta plataforma, estén pendientes para que no se la pierdan.

Gracias por leerme…



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DIME QUE TODO ESTARÁ BIEN. Capítulo 3 (Parte 2)




Capítulo 3 (Parte 2)

Él le indicó con la cabeza que lo siguiera y avanzaron en silencio hasta el estacionamiento. Subieron a la camioneta y anduvieron algunas calles hasta cruzar el puente de hierro y salir del pueblo.
A más de dos kilómetros de distancia dejó la carretera para sumergirse por un camino de tierra en dirección al bosque. El corazón de Julie martilleó con intensidad en su pecho y se arrepintió de haberlo acompañado. No lo conocía de nada y no sabía cuáles eran sus intenciones al llevarla a ese paraje tan solitario.
Llegaron a un descampado junto al río donde había algunos bancos y mesas de cemento. En uno de ellos se hallaba una mujer leyendo mientras dos niñas lanzaban piedras al agua. A varios metros de distancia podía divisarse el largo muelle, donde unos pocos pescadores se afanaban por descargar lo que tenían en sus lanchas para llevarlo a unas bodegas asentadas frente al embarcadero. La presencia de otras personas le produjo una agradable sensación de alivio.
—¿Pensabas que te llevaría a un lugar solitario donde pudiera aprovecharme de ti? —La pregunta del chico la tomó desprevenida. Por instinto borró la sonrisa que sin darse cuenta había dibujado en sus labios al confirmar que no estaban solos. Él estacionó cerca del muelle, apagó el motor y la observó con dureza—. No debes ser tan confiada, Julie. Ni siquiera preguntaste a dónde íbamos. Los verdaderos monstruos se esconden tras una apariencia amigable. Debiste haber aprendido esa lección —dijo irritado antes de bajar de la camioneta.
Ella empalideció mientras lo miraba con una mezcla de confusión y rabia. Pensó que era imposible que él supiera algo de las desgracias que habían marcado su vida en Nueva Jersey, diferentes a la detención de su madre, pero enseguida recordó que quizás aquel último comentario lo había dicho por el tema de Dominic Anderson. Eso la calmó.
Estrechó los ojos e intentó ver más de él. Quería descubrir qué se hallaba bajo ese rostro altanero e intimidante. ¿Un ángel? ¿O tal vez, un demonio?
Mientras Dylan conversaba con uno de los pescadores, ella se acercó al río y admiró el agua cristalina. Una alfombra de diminutas piedras de colores servía de fondo y peces delgados corrían contra la corriente en busca de algún manjar.
Respiró hondo para absorber el aire puro y alzó la vista hacia los sauces que bordeaban el lado contrario, con sus hojas colgando de las ramas como si fueran lágrimas de melancolía. La brisa los mecía con suavidad antes de rodearla regalándole una sensación de frescura. Aquel era un ambiente calmado, donde solo retumbaban las conversaciones bajas de los hombres en la distancia y las risas de las dos niñas.
Sin quererlo, Julie fue adsorbida por esa paz que la sumergió en recuerdos. Pensó en su madre, que en ese momento debía estar tan sola como ella y tras las rejas de una cárcel, purgaba los errores que le habían dejado sus caprichos. Aunque Margaret nunca había sido una mujer ejemplar, siempre estuvo a su lado. La animaba a sonreír cuando los inconvenientes arreciaban y a disfrutar de los exquisitos placeres que se escondían tras una actitud sencilla y descomplicada, como comer con las manos o aventurarse a romper la rutina haciendo alguna locura repentina.
Rememoró también su vida en Nueva Jersey, pero la sintió vacía. Nunca pudo considerar ninguno de sus lugares como propio porque se mudaban muy seguido, escasos recuerdos atesoraba de cada uno. Sus últimos meses los pasó en la ciudad, en un barrio de gente acomodada frente a la bahía, donde le fue difícil hacer amigos. Los que se atrevió a imaginar como tal la ignoraron cuando ella tropezó con una piedra muy grande que derrumbó sus sueños y aspiraciones y quienes la juzgaron luego del escándalo con su madre.
Sí, eso que decía Dylan, que era muy confiada siendo incapaz de reconocer en los rostros amigables a verdaderos monstruos, era una afirmación válida. Esa realidad debía cambiarla, o seguiría hundida en una espiral de depresiones y miedos.
—¿Aprendes a camuflarte?
Dylan interrumpió la apreciación que ella hacía de la naturaleza y su paseo por los recuerdos.
—¿De qué hablas?
—El paisaje. —Él le señaló el otro lado del río—. Apuesto a que no notaste las tuberías y el cobertizo destruido tras los sauces —señaló con desinterés. Julie amplió sus ojos al descubrir los elementos que él mencionaba, realmente no los había visto por estar pendiente de la vegetación y de sus movimientos—. Es fascinante como la naturaleza puede esconder la basura y distraer tu atención.
Ella reflexionó sobre lo que le decía.
—¿Un camuflaje? —preguntó y lo miró con atención. Procuraba ver más allá, pero él se lo impedía. Mantenía su atención en los árboles con una sonrisa cínica en el rostro que le servía de disfraz.
—¿No te parece interesante? Es un arte.
Por un instante estuvieron en silencio mientras ella lo evaluaba, pero la llamada del pescador le impidió que pudiera memorizar su fisonomía. Él fue hasta el muelle para recibir un paquete que le facilitaban, sin percatarse de que Julie seguía cada uno de sus pasos.
La chica deseo tener el poder de verlo sin esas capas de camuflaje que él mantenía a su alrededor, y sin su ropa. Pensó que sería muy atractivo bajo toda esa tela, los movimientos que hacían los músculos de su espalda y brazos la tenían embobada.
Luego de colocar el paquete en la parte trasera de la camioneta, Dylan se giró hacia ella para indicarle que era momento de irse. Al descubrirla mirándolo con intensidad no pudo evitar que algo en su interior crujiera. Se quedó inmóvil, regresándole el gesto, detallaba con interés ese cuerpo al que ella sabía sacarle partido. Siguió su apreciación a pesar de que la chica se mostró inquieta por su escrutinio y le dio la espalda para fingir que admiraba la vegetación. Esa actitud le gustó y lo hizo sonreír con sinceridad. Odiaba las cosas fáciles, no había nada más placentero que luchar por lo que se deseaba.
Subió a la camioneta y la llamó para que hiciera lo mismo, debían regresar al pueblo. Al llegar a la casa de su tía, William salió a recibirlos con un semblante preocupado en el rostro.
—Dylan —saludó al chico y trató de disimular la severidad que comenzaba a invadir sus facciones.
Estaba molesto, ambos pudieron notarlo, así como su esfuerzo por ocultarlo.
—Vine a hacerte una consulta sobre el pescado que me pediste que te comprara, pero solo encontré a Julie, así que la invité al muelle para que se distrajera luego del problema que hubo en la escuela.
El hombre alivió el semblante y hasta mostró una sonrisa tímida, algo avergonzada. Se acomodó los lentes en el rostro sintiéndose culpable por haber desconfiado de ellos después de lo ocurrido en el instituto. Julie, en cambio, endureció las facciones y le dirigió al joven una mirada molesta. No le gustaba que mintieran por ella.
Dylan sacó el paquete que estaba en la parte trasera de la camioneta.
—Gracias —dijo William al recibirlo—. Me gusta que socialices, pero Margot se molestó al no encontrarla en casa.
—Lo siento —se excusó Julie—. Debí dejar una nota.
—Fue mi culpa —agregó Dylan—. El pescador me había pasado un mensaje. Si no llegaba a tiempo, los dejaría sin cena.
Julie apretó la mandíbula y se cruzó de brazos esperando que él comprendiera que no deseaba que engañara más al hombre, pero Dylan lo que hizo fue ampliar la sonrisa mientras William subía las escaleras del pórtico.
—Para la próxima seamos más precavidos —pidió antes de girarse hacia ellos—, sobre todo, en días como el de hoy —pronunció con pena para luego seguir su camino.
Dylan y Julie quedaron en silencio un instante. Ambos recordaron la violenta escena en el estacionamiento.
—No tenías que haber mentido para cubrirme —dijo ella y lo encaró al fin.
Él alzó los hombros con indiferencia.
—Sin esa excusa, Margot se enfadará aún más —comentó y se aproximó para intimidarla—. No le digas nada del hospital —apuntó y le dirigió miles de advertencias a través de sus ojos—. Si se entera que intentaste visitar a Dominic, pensará que eres imprudente, como tu madre.
Sus últimas palabras lastimaron a Julie, ya que fueron una cruel acusación. Le produjeron vergüenza, porque sabía que eran ciertas. Su tía no confiaba en ella. Nadie lo hacía. Todos la juzgaban por lo que había hecho su madre y por los errores que ella misma había cometido. Sin embargo, escucharlo de boca de otro le causó un fuerte dolor.
Tragó grueso y se mordió los labios para controlar la ira que la embargó.
—Tal vez por el tema de la visita a Dominic, ella se decepcionará de mí, pero, ¿ocurrirá lo mismo con William cuando se entere que olvidas tu medicina en casa? Apuesto a que eso es lo que realmente quieres que oculte.
El chico se tensó y la piel de su rostro se coloró por la rabia. Sin embargo, se esforzó por mostrar una sonrisa arrogante que lo hizo más atractivo.
—Estamos unidos por secretos. Nuestra relación comienza a fortalecerse, ¿no lo crees?
Ella solo lo observó con severidad mientras él retrocedía sin quitarle la vista de encima. Se retaban, para dejar en claro sus posturas.
Dylan llegó a la camioneta y en seguida puso el motor en marcha. Lanzó una última advertencia hacia la chica antes de irse. Solo una estela de polvo quedó tras su partida.





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DIME QUE TODO ESTARÁ BIEN. Capítulo 3 (Parte 1)




Capítulo 3

Formó parte de su primera pelea el primer día de clases en Rayville y pasó su primera tarde detenida en una estación de policía siendo considerada una agresora. El futuro de Julie en aquel pueblo no podía pintarse de forma más fatídica.
Las comisarías no le eran sitios desconocidos, había pasado mucho tiempo en ellas durante sus últimos días en Nueva Jersey, luego de que detuvieran a su madre, ya fuera mientras realizaban averiguaciones o esperando a que alguien se hiciera cargo de la menor de edad. Por eso supo ser paciente al estar en aquel lugar. Sabía que los oficiales se regían por cierta burocracia y hasta que no culminaran todos los trámites no podrían dejarla salir de allí.
Lo que la sorprendió fue el buen estado de la edificación, la modernidad con la que trabajaban y la rapidez con la que se resolvían ciertos casos. Con simples llamadas telefónicas solucionaban todo, como en las películas de gánster. Ni en Nueva Jersey ella había visto tanta eficacia. Por lo visto, el pueblo de Rayville contaba con buenos profesionales, o tenían un secreto bien guardado tras las puertas de las oficinas.
William no la abandonó, así como otros profesores del instituto, ya que además, Dylan también estaba detenido, aunque ella no comprendía las razones. Él no había participado en la pelea, solo la defendió cuando uno de los amigos de Blender pretendió atacarla, pero igual lo habían llevado hasta allí por averiguaciones.
Cuando al fin le permitieron marcharse, quiso preguntarle a William por el chico, pero su tía Margot estaba bastante ofuscada y no hacía otra cosa que relatarle cientos de reglas que debía seguir de ahora en adelante para no hacer incómoda su estadía en Rayville.
Desde que la mujer había llegado a la comisaría se notaba alterada, se quejaba por la pesada carga que le habían impuesto al obligarla hacerse cargo de su sobrina. William discutía con ella para exigirle que no hablara de esa manera delante de Julie, pero eso lo que hacía era empeorar la situación. La joven se encogió en la parte trasera del auto mientras retumbaban los gritos de «¡todo esto es culpa tuya!», «¡no soporto más esta situación!» y «¡ya estoy rozando mi límite!».
Al llegar a casa, Julie se encerró en su habitación para controlar las lágrimas de rabia y frustración mientras afuera seguía sucediéndose el debate, hasta que de pronto todo se silenció cuando oyó que la puerta de la entrada se cerraba con un golpe.
El corazón le latió con ansiedad. ¿Qué ocurriría si a su tía le daba por irse y abandonarla? ¿Qué sería de su vida? Se mantuvo en silencio hasta que minutos después tocaron a su puerta con suavidad. Abrió y encontró a William con postura derrotada apoyando medio cuerpo en el marco.
—Iré a buscar a Terry a la casa de la niñera que lo cuida en las tardes, luego debo pasar por el instituto ya que dejé mis cosas por acompañarte a la comisaría. Margot regresó a su trabajo porque tiene asuntos pendientes que resolver. ¿Estarás bien si te quedas una hora sola en casa?
Ella asintió y bajó el rostro al suelo.
—Espero perdones a Margot por lo que dijo en la comisaría y en el auto —continuó él—. Tú no eres una carga, eres bien recibida en esta casa. Ella ha estado algo estresada por asuntos laborales.
Julie no supo qué responderle, ni siquiera era capaz de mantenerle la mirada. Sentía por ese hombre admiración y vergüenza al mismo tiempo, había descubierto que era una persona amable y atenta, pero era evidente que llevaba un peso muy pesado sobre los hombros. Su habitual rostro preocupado, cansado o acongojado lo evidenciaba. Cuando lo escuchaba hablar, ella podía suponer que era un sujeto divertido e inteligente, sin embargo, los problemas con su tía lo agobiaban y amargaban su semblante.
Él intentó sonreír obligándola a ella a tratar de imitarlo, luego le alborotó los cabellos y se marchó. Al quedar sola, Julie fue atacada por una creciente sensación de ansiedad. No entendía lo que había ocurrido en el estacionamiento de la escuela, pero era evidente que todo aquello se debía a una lucha entre el más fuerte contra el más débil.
Recordó a Dominic Anderson y su figura ensangrentada y derribada en el suelo, ante la vista de todos, como si estuviera servido en bandeja de plata para las burlas y los chismes. Uno solo era el que sufría, uno el que sentía dolor mientras el resto deleitaba su morbo y almacenaba en su memoria, o en la de sus móviles, la anécdota para luego entretenerse.
La rabia le bulló en las venas. Sintió necesidad por saber de Dominic, de la suerte que había corrido el chico, pues en la comisaría notó que todos, incluso William, evitaban hablar de él.
Se levantó enseguida y salió al exterior. Pensó que no sería difícil ir al hospital ya que Rayville solo contaba con una escuela y con una comisaría. De seguro tendría una sola sala de emergencias y llegar a ella no sería engorroso.
Tenía estipulado hacer rápido sus averiguaciones y regresar a casa antes de que lo hiciera su tía o William.
Cuando logró encontrar el hospital, se sorprendió por lo grande y moderno que era. Imaginó algo más chico y pueblerino. En la recepción le informaron donde estaba internado Dominic Anderson, así que buscó los ascensores para ir a la segunda planta, faltaban veinte minutos para que terminara la hora de las visitas.
Se detuvo en seco al encontrar a la porrista morena parada frente a los ascensores, hablaba con la «rubia de bote» que lideraba el grupo y que en ese momento parecía retarla. Tal vez Blender también estaba siendo atendido en aquel lugar. Debía evitarlos.
Se fue por las escaleras, sin embargo, no pudo entrar al cuarto. La puerta estaba entornada y por una rendija ella pudo ver que dentro se encontraban dos oficiales y una mujer baja y gorda que quizás fuera un familiar. A él no pudo verlo. Por la abertura solo alcanzó a apreciar una esquina de la cama.
Eso la irritó, pero, aunque deseaba conocer el estado del joven, no se atrevía a interrumpir. No lo conocía de nada, solo llegaron a saludarse al inicio de la jornada de clases y ni siquiera eran amigos. ¿Con qué excusa lo abordaría?
En medio de un suspiro dio media vuelta para salir de allí igualmente por las escaleras, con la cabeza gacha. Al estar abajo tuvo que atravesar un pasillo donde se hallaban varios consultorios para llegar a la recepción, pero, antes de alcanzarla, una puerta se abrió dejando salir de su interior a Dylan Hackett.
Ambos quedaron inmóviles y se observaron con asombro.
—No vuelvas a olvidar la medicina en casa, Dylan, o tendrás de nuevo problemas con la policía. Yo mismo le entregaré el informe al comisario de tu estabilidad mental para librarte de represalias. —Julie retrocedió hasta pegarse a la pared frente al consultorio de psiquiatría, al ver salir a un doctor tras el chico y palmearle un hombro como despedida—. Sin tu medicina volverán a detenerte imaginando que eres un sospechoso. Tu pasado te precede.
Dylan apretó la mandíbula con enfado y se giró hacia el hombre para estrechar su mano.
—Gracias —fue lo único que dijo antes de tomar el camino hacia la recepción.
Julie se quedó allí mientras el doctor volvía al consultorio, miró desconcertada como el chico se marchaba sin decirle una sola palabra. Corrió tras él.
—¡Espera! —pidió al estar cerca, pero el joven no se detuvo, así que fue necesario apurarse un poco más para impedirle el avance—. ¿Por qué estás molesto?
Dylan se paró y se mostró furioso.
—¿Qué haces aquí? ¿Buscas algún chisme que te entretenga?
A pesar de que Julie se sintió intimidada por la rudeza que expelían sus ojos, no retrocedió. Le enfadó su actitud grosera.
—Vine para saber de Dominic —respondió con insolencia.
Dylan arrugó el ceño, lo desconcertó aquella respuesta. Se irguió y la miró con mayor atención.
—¿Hablaste con él?
Ella bajó el rostro, apenada.
—No. La policía está en su habitación.
Dylan respiró hondo y lanzó una ojeada hacia la recepción. Parecía buscar a alguien.
—¿Y William?
La chica alzó los hombros.
—Creo que fue por Terry.
Él la repasó de pies a cabeza con una diminuta sonrisa dibujada en los labios.
—No saben que estás aquí, ¿cierto?
Julie empalideció y negó con la cabeza. La sonrisa de Dylan creció, pero la escondió al apretar los labios.
—¿Quieres dar una vuelta antes de regresar a la casa de los Bonfield?
Los ojos de la joven se ampliaron en su máxima expresión. Detalló un instante el rostro varonil del chico, de mandíbula cuadrada y marcada por un par de pequeñas cicatrices que solo podía percibir estando más cerca. La de su mejilla derecha acaparaba toda la atención.
Asintió y experimentó un revuelo de emociones en el vientre producto de su intensa mirada.


Capítuo 3 (Parte 2)
 



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