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Historias de Amor: Vera y Vladimir Nabokov





En un artículo de Cultura Colectiva sobre las parejas más célebres de la literatura, conocí la historia de amor entre Vera y Vladimir Nabokov. Allí el autor del texto asegura: “Nabokov se apoyó en la gran figura de su esposa para consolidar una carrera de éxito que sobrepasó censuras y múltiples críticas”.

La curiosidad me venció y decidí investigar sobre el tema, como saben, me apasionan las historias de amor, y si tienen a un escritor de por medio, me parecen más interesantes.

Según las biografías que he consultado, Nabokov, por el año de 1923, vivía una época difícil. Era un exiliado en Alemania por culpa de la Revolución Rusa, sufría la pérdida de su padre (quien fue asesinado), su compromiso con una joven rusa fue cancelado al ser considerado un don nadie y para subsistir debió trabajar en diversos empleos poco remunerados. Escribía poemas para revistas, que eran bien recibidos por la audiencia. Vera provenía de una familia adinerada, también exiliada y era una gran fans del poeta. En una fiesta de caridad en Berlín, y amparada por un antifaz de arlequín, se acercó a él y le recitó uno de sus poemas con gran pasión, algo que emocionó al autor y lo inspiró a escribir esa misma noche un hermoso escrito publicado días después en una revista, y que se convirtió en la primera declaración de amor entre ellos.

EL ENCUENTRO (fragmento)

No sé nada. Curiosamente
el verso vibra, y en él, la flecha…
¿Tal vez tú, todavía sin nombre, eras
la genuina, la esperada?

Lee completo el poema aquí 

Después de eso, se contactaron por cartas, donde compartieron durante un tiempo los sentimientos que los embargaron. Veintidós meses después se casaron, y vivieron uno de los matrimonios más largos de la literatura, que acabó cuando el autor falleció.

Las cartas que Nabokov le envió a Vera fueron reunidas en un libro publicado después de su muerte, en ellas se puede apreciar lo mucho que esa mujer significó para el escritor.


“Tú y yo somos dos seres especiales, existen maravillas que sólo tú y yo conocemos, y no hay nadie que ame a otro del modo en que nosotros nos amamos”.


Vera no solo fue el amor de Nabokov, sino su colaboradora directa: su primera lectora y su crítica más agresiva, su chofer, su enfermera, su agente literario, y su compañera en cada locura vivida. En la época en que él daba clases de literatura rusa y europea en una universidad en Estados Unidos, ella aprendió a manejar, solo para comprarse un auto y poder llevarlo a su trabajo cada día. Se quedaba con él, fungía de asistente, corregía los exámenes y trabajos de los alumnos y hasta lo ayudaba a sortear los inconvenientes que se le presentaban. Ella era quien enfrentaba a los reporteros y cobradores, y hasta logró obtener un permiso de porte de arma para cargar con un pequeño revolver dentro de su bolso, con el que defendería a su amado en caso de ser necesario. Fue la madre de su único hijo, y salvó del fuego el manuscrito de su emblemática novela LOLITA, que él quiso destruir al no considerarla de calidad.

A pesar de su abnegada entrega, los problemas entre ellos se presentaron en varias ocasiones. La mayoría se debían a la personalidad seductora de Nabokov, quien a pesar de amar con locura a su Vera, no podía evitar disfrutar de otras bellezas femeninas. El idilio más mediático fue el que el autor vivió en Francia con una poetisa llamada Irina Guadanini, tiempo en que la pareja estuvo separada por situaciones de índole laboral. Al llegar la noticia a oídos de Vera, esta lo enfrentó con dureza y frialdad, lo que hundió al escritor en la depresión y lo perturbó tanto que consideró el suicidio, pero Nabokov no desistió hasta que alcanzó el anhelado perdón de su amada. En un artículo escrito por Phillippe Hallsman para El Mundo expone, que en esa época: “Las cartas de Nabokov se llenan de amargura, de acuciantes peticiones, de amenazas de volverse loco. Y eso que el infiel es él. Dice que no entiende lo que pasa, que no sabe por qué Vera tarda tanto en contestar sus cartas”.

Entre las frases más sentidas que se han tomado de las CARTAS A VERA, están:



“Estoy tan infinitamente acostumbrado a ti que ahora me siento perdido y vacío: sin ti, alma mía. Transformas mi vida en algo ligero, asombroso, arcoirisado… Aportas un destello de felicidad a todo”.

“Te quiero de un modo inexpresable”, “Tu eres mi único amor”, “Te beso, te beso… y te vuelvo a besar”, “Beso tus manos, tus labios queridos, tu pequeña sien azul”. “Te necesito, sí, mi cuento de hadas. Porque tú eres la única persona con la que puedo hablar, ya sea del matiz de una nube, del tintineo del pensamiento”.



“Te amo, mi minina, mi vida, mi vuelo, mi flujo, perrita”, son frases que pueden transportarnos al inicio de Lolita: “Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Mi pecado, mi alma. Lo-li-ta”.


La investigadora Stacy Schiff publicó una biografía sobre Vera Nabokov, en la que expuso:


“¿Qué hubiese ocurrido sin la revolución?”, les preguntó una vez a Vera y Vladimir el periodista Andrew Field. “Te habría conocido en San Petersbugo, nos habríamos casado y habríamos llevado una vida muy similar a ésta”, respondió Nabokov, mirando a su esposa. “Para ese hombre de imaginación tan poderosa era absolutamente inconcebible una vida sin Vera”, dice Schiff. “Tenía una convicción casi religiosa de que habían nacido para conocerse”.



Una historia de amor preciosa, con alzas y bajas, éxitos y fracasos, como muchas otras, pero que fue capaz de superar sus debilidades gracias a la fortaleza del amor.

Conoce aquí las historias de Nabokov:







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